Cuarentena

Realmente, pensé que nadie lo haría, pensé que seguiría la suerte de toda cadena de Whatsapp y moriría olvidado, pero justo al borde de las 10 de la noche empezó el barullo, el runrún cómplice que corría por las avenidas vacías.

El último chino fascista

La esquina está allí, justo al cruzar el río Manzanares, a pocos pasos de aquel antiquísimo matadero de vacas donde cada tarde un hilillo de sangre escarlata reptaba por las calles de Madrid, a lo José Arcadio el día de su fusilamiento.

Por si las moscas

Era un bar cualquiera cerca de la Calle Narváez. Uno de esos bares largos como cigarrillos a medio fumar en los que no hace falta entrar para conocer la calidad de sus platos, pues las fotos despixeladas que el dueño ha pegado en las ventanas te notifican por aviso de todo lo que necesitas saber sobre ellos.

Lecciones de vuelo

La clase siempre se llevaba a cabo en aquel remoto paraje. Anclado a la mitad de una montaña, de aire gélido y con complejo de páramo, estaba el lago, verde como el jade y lo suficientemente profundo para que cualquier piloto de poca pericia se hiciera justo merecedor de un buen chapuzón si algo salía mal durante el despegue.