Dos volcanes dormidos

20 Jun 2018 - 3:01am

Dos volcanes dormidos

Publicada por
RICARDO TROTTI
Autor:

El pacto por la desnuclearización de Corea del Norte es un hito histórico. El peligro radica en que un pequeño cortocircuito en el proceso podría despertar el carácter volcánico de los protagonistas y dejar todo en foja cero.

El proceso empezó bien. Se sentaron a la par como iguales pese a sus diferencias extremas. Donald Trump como representante del capitalismo y la mayor potencia económica; Kim Jong-un, del comunismo y una de las naciones más opresivas y pobres del mundo. El pacto marcó el inicio del desmantelamiento de armas nucleares norcoreanas, algo impensable meses atrás cuando el dictador Jong-un jugaba a lanzar misiles nucleares que surcaban los cielos de Japón, amenazaba con destruir Hawái y alcanzar territorio continental estadounidense. Trump prometía reciprocidad a gran escala y borrar a Corea del Norte del mapa. Tras la tregua, Trump aspira a que la desnuclearización sea total e irreversible. Demanda apertura política, incluida la liberación de más de 100 mil personas en campos de trabajo forzado. Pretende que el proceso termine durante su Presidencia. Los pronósticos son reservados. Jong-un quiere reconocimiento para su régimen, pero nada se dijo sobre su adicción a violar los derechos humanos. El coreano salió victorioso. Hizo mucho ruido con sus misiles, poniendo al mundo al borde de un ataque de nervios, logrando un baño de popularidad como un ridículo “goldfinger”, el villano de la saga de James Bond, empecinado en ser el amo del mundo. Trump tomó la posta y lo invitó a negociar, aunque previamente el mundo fue testigo de un reality show en el que se reciprocaron descalificativos poéticos: “payaso, enfermo mental” y “gordito cohete”. Al final, juntos en Singapur, se tiraron flores y se tildaron de líderes, talentosos y amantes de sus pueblos. Trump puso moño a la ceremonia sorprendiendo a Jong-un con un video, “Dos hombres, dos líderes, un solo destino”. Mostró la ficción de una Corea del Norte sin armas nucleares ni sanciones económicas, y con sus “hermosas” playas repletas de hoteles de lujo, su debilidad. Un The End de película.

Habrá que esperar que la volatilidad retórica de ambos líderes no se dispare ante la mínima diferencia en el proceso.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. El Nuevo Día no responde por los puntos de vista que allí se expresen.