A las mujeres que aportan contra el cambio climático

Y a los hombres también, por supuesto. Y a cualquier ser humano, de la manera en que se identifique. Pero especialmente a las mujeres, porque en la sociedad capitalista y consumista que hemos construido, la biología, la estética, la economía y muchas otras arenas de realización humana ejercen una fuerza especial, diferente, sobre nosotras. Como mujeres contemporáneas, estamos llamadas a ser muy conscientes de nuestros hábitos y elecciones, desde lo más íntimo en adelante. O bien, podemos elegir no hacerlo, ya sea por comodidad o porque tememos que sea muy tarde para detener la catástrofe ambiental. Pero, ¿qué nos daría esperanza, entonces?
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A quienes han decidido aportar, de manera individual o colectiva, a desacelerar el cambio climático: les veo, les celebro. No es una transición fácil: aprender a separar desechos, evitar plásticos, comer más verde, dejar las tinturas de pelo tóxicas, pasarse a la copa menstrual, maquillaje y ropa sostenible, transporte ecológico, ¿por dónde empezar? Tampoco es de extremos; en la lucha contra el cambio climático hay que saber identificar los matices. Sí, podemos quedarnos en la zona oscura del confort, donde gana el discurso de “qué exageración, ahora hasta respirar contamina”, o del pánico, que nos lleva a creer que ya es muy tarde, que nada podemos hacer frente a siglos de daño acumulado y que es imposible despertar a todos los que viven por inercia.

Si decidimos atravesarlas, nos espera la luz: darnos cuenta de que existen muchos aspectos que controlamos para darle una esperanza de vida más larga a nuestro planeta. Las personas decidimos nuestras acciones y combatir el cambio climático es una cuestión posible… Aún. ¿O qué tantas más de sus severas consecuencias estamos esperando? Todavía queda mucho por conservar y proteger en nuestra Gaia. Según el Pnuma, las industrias de combustibles fósiles y la moda son las más contaminantes; de continuar el consumo desenfrenado en ambas, aumentaremos la temperatura terrestre en 4°C, es decir, medio planeta será inhabitable en el 2100. Pero no esperemos a llegar allá (porque, igual, no falta mucho). El futuro nunca está escrito y ese no tiene que ser nuestro destino como especie, ni el de las demás en los cinco reinos naturales que hemos descubierto y que tenemos a cargo. ¡Hay tanto bueno aún en este planeta para legarle a las generaciones futuras!

En otras ocasiones he abordado las múltiples formas de ser feministas. Asimismo, no existe una única manera de ser ambientalistas o de serlo a la perfección; solo debemos empezar. Podemos y debemos reconstruir nuestra relación con el planeta, y eso implica también reconstruir las relaciones con los demás, la sociedad, la cultura y la economía que hemos creado. Nuestra misión es dejar esta casa, nuestra casa común, mejor de lo que la encontramos; cada persona escoge cómo contribuir o seguir destruyendo. Ojalá cada vez seamos más quienes escojamos creer y actuar, en vez de rendirse o ignorar.

PAULA DELGADO MORALES

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