Paladines de la ley

“Aquel a quien siempre consideraré como el mejor y el más inteligente de los hombres que yo haya conocido…”, esta es la última y desgarradora frase con la que a cualquier fan de Sherlock Holmes que se digne de ello se le arrugó el corazón leyendo “El Problema Final”, el relato con el que Arthur Conan Doyle pondría fin a la carrera del detective luego de verse superado por su avasallante éxito.

Un manjar literario

Saliendo de la Plaza Mayor por el Arco de Cuchilleros, allí donde antaño se agolpaba lo más selecto del gremio carnicero de Madrid, y tras descender por la adoquinada estrechez de la Cava de San Miguel, se encuentra un escaparate de vidrio espeso con puertas café que, emulando gigantescas tabletas de chocolate, ha contenido durante casi 300 años los suculentos aromas de lo que se cocina en su interior.

Las señoras de Europa

No les voy a decir mentiras: solo lo hice para ganarme los afectos de mi suegro. Estábamos ahí, de pie, triturando castañas asadas con los molares a pocos metros de la formidable basílica donde casi 100 años atrás se casó Franco.

La verdad de las estanterías

No debe ser motivo alguno de vergüenza confesar que desde hace muchísimos años arrastro conmigo una excéntrica fascinación por curiosear las bibliotecas de los demás. Es una fijación literaria de la que ya no puedo desprenderme cada vez que llego a la casa de alguien y por culpa de la cual muchas veces me encuentro a mí mismo perdido en la auscultación inquisidora de títulos arrumados en cualquier estantería mientras el anfitrión busca afanosamente sacarme del trance para completar los rituales sociales de saludos y presentaciones.

La nona

El primer cuento que escribí jamás se llamó “La Tienda de mis Abuelos”, un thriller infantil de veinte líneas temblorosas sobre cómo mi nono Aníbal y mi nona Cleofe atrapaban a un ladrón, que irrumpía furtivamente de noche en su tienda, con una red (como todos saben que se atrapan los ladrones en San Gil).

El día después

Los días avanzan tan parecidos entre sí que por momentos me engañan y me hacen sentir que cabalgo en un bucle de mañanas fotocopiadas que se reinicia con cada despertar.

Cuarentena

Realmente, pensé que nadie lo haría, pensé que seguiría la suerte de toda cadena de Whatsapp y moriría olvidado, pero justo al borde de las 10 de la noche empezó el barullo, el runrún cómplice que corría por las avenidas vacías.

El último chino fascista

La esquina está allí, justo al cruzar el río Manzanares, a pocos pasos de aquel antiquísimo matadero de vacas donde cada tarde un hilillo de sangre escarlata reptaba por las calles de Madrid, a lo José Arcadio el día de su fusilamiento.

Por si las moscas

Era un bar cualquiera cerca de la Calle Narváez. Uno de esos bares largos como cigarrillos a medio fumar en los que no hace falta entrar para conocer la calidad de sus platos, pues las fotos despixeladas que el dueño ha pegado en las ventanas te notifican por aviso de todo lo que necesitas saber sobre ellos.

Lecciones de vuelo

La clase siempre se llevaba a cabo en aquel remoto paraje. Anclado a la mitad de una montaña, de aire gélido y con complejo de páramo, estaba el lago, verde como el jade y lo suficientemente profundo para que cualquier piloto de poca pericia se hiciera justo merecedor de un buen chapuzón si algo salía mal durante el despegue.