Regenerar la política

Guillermo Pérez Flórez

Mientras no se reforme la política, el anhelo de tener un mejor país será una quimera. Acumularemos frustraciones, y los problemas continuarán agravándose, como lo hemos visto. Apenas empezaban las investigaciones contra Nicolás Petro y el embajador Armando Benedetti, cuando conocimos los audios revelados por Daniel García Arizabaleta sobre la campaña de Oscar Iván Zuluaga en 2014, con dineros de esa multinacional del crimen llamada Odebrecht. Y por si hiciera falta, la Corte Suprema de Justicia abrió investigación contra el senador Ciro Ramírez, también del CD, por presunta participación en un entramado de corrupción vinculado al Departamento de Prosperidad Social, bajo la administración Duque.
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La degeneración política es la madre de todos los vicios. El problema no es únicamente que el sistema esté corrupto, lo más grave es que es corruptor. Es un juego perverso, que si quien lo juega no tiene sólidos valores se corrompe. Un fenómeno observable a escala nacional, departamental y municipal. El núcleo duro es la financiación de las campañas, cada día más costosas y difíciles para quien no está dispuesto a venderle el alma al diablo. A plena luz del día se derrocha dinero en celebraciones de cumpleaños, en vallas y publicidad electoral encubierta, en reclutamiento de activistas, en pago de estrategas, gestores de redes sociales, bodegas y en compra de periodistas. Y nadie explica de dónde sale el dinero. Esto sin hablar del abuso del poder que hacen los funcionarios y la cooptación de la organización electoral. De allí que se afirme que las elecciones se pueden ganar o perder en la Registraduría.

Santos y las Farc habrían podido cambiar la historia, incluyendo esto en las negociaciones de paz. Desafortunadamente, se desaprovechó la oportunidad, y su tratamiento fue superficial. Para Santos lo importante era el silencio de los fusiles, y las Farc se transaron por cinco curules en Senado y en Cámara, la creación de dieciséis curules transitorias (de las cuales se apoderó la politiquería), unas emisoras comunitarias y una plata para su partido. Así, la vida siguió igual. En su defensa hay que decir, que fue la cerril oposición del uribismo lo que estrechó la agenda de negociación. Se vendió, y bien vendido, el cuento de que Santos le iba a entregar el país a las Farc, y que todas las niñas y niños se iban a volver gais, y esto erosionó el respaldo popular al proceso de paz. Hubo más histeria que historia.

Las reformas a la salud, la laboral y la pensional son muy relevantes, pero sin reformar la política todo es más difícil. El proyecto del ministro Prada no era nada. Por eso se retiró sin pena ni gloria. Para empezar hay que desmontar la partidocracia, que es una auténtica perversión. Con la instauración de los famosos avales, los partidos se apropiaron de derechos de los ciudadanos, como el de elegir y ser elegido. Por eso he dicho, de tiempo atrás, que la política está secuestrada. Que se la arrebataron a los ciudadanos, que son los verdaderos sujetos políticos en una democracia.

GUILLERMO PÉREZ FLÓREZ

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