¿Mejor ser indigno, que digno?

Como están las cosas en este “país de marras” es mucho más plausible ser cleptómano, caco, bandido, ladrón, ratero, maleante y saqueador que honesto, íntegro, honorable, incorruptible, honrado y probo. Tal parece que ser meritorio y decoroso pasó de moda.
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Los valores con que  nos “criaron” están “out” para muchos de los actuales protagonistas del mundo político y económico. Lo vemos a diario: los escándalos de corrupción a todo nivel son protuberantes. Las platicas se pierden, se traspapelan, se extravían, así muchos de los medios de comunicación que defienden la “flor y nata” de lo nacional, regional y parroquial, traten por todos los medios de “tapar el sol, con  las manos”.  Es precisamente esa complicidad galopante la que ha permitido y fomentado  ese cambio de valores en la comunidad. Lo más interesante de todo esto, es la desazón a que se ven abocados los jóvenes. De allí, el inconformismo por parte de los nuevos actores de la sociedad colombiana. Los maestros les dicen una cosa y salen a la calle y encuentran otra. No saben si esas personas que endiosaron en su momento, “los profesores” que dictaron clases de ética y comportamiento social, andaban en otro planeta.

Adicionalmente, la juventud colombiana, percibe que vive en la nación del “no pasa nada”. Aquí los malhechores, sobre todo los de “cuello blanco”,  conocen perfectamente que en un país “en vía de desarrollo”  como  el nuestro, los aparatos jurisdiccionales no tienen el presupuesto requerido y la lentitud con que se llevan los pleitos no son culpa de los miembros de la rama sino del mismo Estado que no proporciona los medios y herramientas suficientes ejercer una justicia pronta y eficaz. Pareciera que la misma patria estuviera diseñada para que nada funcionara bien. A la juventud  se le ha demostrado que en un país medianamente desarrollado socio-políticamente ya hubieran renunciado por escándalos, Ministros, Gobernadores, Alcaldes, Directores de empresas, CEO, Gerentes, etc., etc.   Pero en nuestra Colombia, todos se hacen los “g”, los de la vista gorda y no sucede nada. A veces salen a la luz pública algunos casos que estaban por averiguarse hace algunos lustros y que, por a, b, o c motivos no lograron dilucidarse. Qué mal ejemplo para la juventud.

Lo único que queda es, a los jóvenes y sus mayores, tomar conciencia y participar electoralmente. Sin necesidad de desbaratar lo que con tanto esfuerzo, se ha convertido en la nación colombiana. Cambiar ése “chip” de  “así es que funcionan las cosas”, cuando se refieren a la corrupción. No señor, la corrupción es un cáncer que corroe las sociedades y no las deja progresar. No se puede continuar en el atraso socio-económico al que nos han sumido unos cuantos y sus cómplices y que para esta época pre-electoral, fungen de transparentes, diáfanos y cristalinos. Todavía, sigue siendo mucho mejor tener “Dignidad”, honorabilidad e integridad.

Adendo: Nos tiene muy afectados el viaje “por adelantado” de muchas personas conocidas y no lo tanto que fueron definitivas en el desarrollo de la comunidad tolimense.  A todos los que dejaron y, especialmente a sus familiares, el abrazo fraternal y toda la solidaridad que caracteriza a los descendientes de la gran estirpe tolimense.

HUGO PATARROYO MURILLO

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