De Orfeo, a Darío Gómez

Una vez más, la música y sus cantantes, vuelven a ser protagonistas del sentimiento de las personas. La letra de las canciones, a más de ser un instrumento que expresa lo que la gente piensa pero no puede exteriorizar públicamente, se convirtió en un vehículo que los individuos utilizan para identificar una situación que, en un momento dado, se llega asumir como propia y, en ocasiones se adapta a condiciones semejantes.

¿Hambruna a la vista?

Los columnistas de los periódicos, en muchas ocasiones escribimos “cosas” que, antes de pretender convertirnos en “aves de mal agüero”, lo que procuramos es alertar, “campanear”, avisar oportunamente, sobre acontecimientos que, se pueden llegar a dar y, todo ello, con el propósito que se tomen medidas oportunas que mitiguen en parte, una situación que puede llegar a ser, un tanto difícil. Incluso…. en muchas ocasiones  pensamos que, “Dios quiera que no se den” esas circunstancias.

¿Se “perdió” hasta la identidad ?

Por todos es sabido que la gran riqueza de los pueblos radica entre otros, en sus costumbres, en su gastronomía , en su folclor. Para la UNESCO, no es sólo el patrimonio material el importante, sino también lo que se ha definido como “patrimonio inmaterial” , entendiéndose por ello, el sentimiento de continuidad y de comunidad que, a su vez, favorece la creatividad y el bienestar social. La web oficial de ésa organización de las Naciones Unidas, dice refiriéndose al patrimonio cultural inmaterial : “ …. comprende tradiciones y expresiones vivas heredadas de nuestros antepasados y trasmitidas a nuestros descendientes, como tradiciones orales, artes del espectáculo, usos sociales, rituales, ACTOS FESTIVOS, conocimientos y prácticas relativas a la naturaleza y el universo, y saberes y técnicas vinculados a la artesanía tradicional. “

Colombia, entre la “ramplonería” y el “mesianismo”

Qué vaina, carajo!!!  Últimamente, a los colombianos nos inducen a votar, no por el mejor, sino el menos “pior” de los candidatos a la Presidencia de la República. Faltando ocho días para los comicios electorales, la incertidumbre es total. No se sabe cuál rumbo  tomar.

La “paranoia” en su máxima expresión

Google define muy ejecutivamente  la “paranoia” como la “desconfianza no realista de los demás o sensación de ser perseguido. En grados extremos, puede ser una señal de enfermedad mental”. Ni más ni menos. A esa percepción es que nos ha llevado nuestro sistema político. A que los temas no se debatan abiertamente, así sean de claro interés general. La “mass media”, cómplice muchas veces de los corruptos que “los engrasan”, azuzan e incitan al “Estado llano”, como diría Álvaro Gómez Hurtado sobre la gente común y corriente.

De lejos, los mejores

“Modestia aparte” y, al observar tanto los debates en los medios , como los discursos en plaza pública y los programas de gobierno de los candidatos a la Presidencia de la República, sin lugar a dudas, la mejor dupla para ejercer el cargo más importante del país y su Vicepresidencia, es la conformada por Sergio Fajardo y Luis Gilberto Murillo. Al “profe” Sergio, lo hemos visto en su lucha por llegar a ocupar la Primera Magistratura, antecedido de una gran experiencia en el sector público y no, en cualquier escenario. Ni más ni menos, fue en el manejo de la Alcaldía de Medellín y en la Gobernación de Antioquia, en donde demostró sus grandes capacidades para la resolución de conflictos y, todo ello en etapas y coyunturas espacio-temporales bastante complejas. El éxito en su gestión, fue reconocido nacionalmente.

¿Quién le teme a Sergio Fajardo?

¿Quién le tiene miedo a Fajardo? Tal vez, nadie. Fuera de los corruptos, ningún colombiano o habitante de nuestra nación, con los cinco sentidos bien puestos, le tiene temor al candidato del Centro Esperanza. Los “fundamentalistas”, tanto de izquierda, como de derecha, le critican su centrismo.

¿Se vislumbra, otro “chocorazo” en el Tolima?

Para los neófitos en el tema, la palabra “chocorazo”, es un “colombianismo” que quiere decir “fraude en elecciones”. El escritor Juan Gossaín, realizó una magnífica averiguación sobre el término que se utiliza ya desde hace varias décadas en nuestro país.  El trabajo  se puede encontrar en la web del periódico “El Tiempo” correspondiente al día 5 de noviembre de 2020.

¿Qué…. Nos robaron? ¡Sí, nos robaron!

Las elecciones del pasado 13 de marzo sacaron a flote, muchas de ‘las fallas’ que aquejan al sistema electoral colombiano. ¿Cómo creer en un método, cuando ese procedimiento es manejado por personal sin escrúpulos? Cuando, a sabiendas de la falta de credibilidad que aqueja al establecimiento colombiano, ‘juegan con candela’ al quitar votos, suprimirlos, dañarlos a propósito para anularlos, redireccionarlos a favor de sus ‘padrinos’, etc., etc?

¿Revocar el nuevo Congreso?

A grandes problemas, grandes soluciones… y rápidas. El malestar producido por el manejo de las elecciones del pasado 13 de marzo, ha dejado grandes sinsabores a la opinión pública. Los partidos políticos de todo “el espectro” colombiano, cuestionan los resultados.