Navidad y cristianismo

24 Dic 2017 - 3:01am

Navidad y cristianismo

Publicada por
PABLO ISAZA, M.D.
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Esta época de Navidad, anteriormente tan propicia para el recogimiento y encuentro familiar y hoy convertida en todo tipo de excesos, en especial comerciales, es una ocasión para recordar el nacimiento del cristianismo y la figura de Jesús de Nazaret. De cuna humilde, hijo de un carpintero, perseguido por su prédica de amor e inclusión de los aborrecidos por la sociedad como los leprosos, los trastornados mentales y los discapacitados y contrahechos. La inclusión de la mujer en sus palabras hizo de Jesús un revolucionario que debería pagar con su vida el desafío a la autoridad establecida, judía y romana.

Jesús nació en Belén y vivió en Nazareth, Galilea, por lo que es llamado el Nazareno. Según los evangelistas, después del nacimiento de Jesús en Belén, su familia huyó a Egipto para evitar la matanza de los niños por Herodes el Grande. Después de muerto Herodes, la familia regresa a vivir en Nazareth. El nombre Nazareth es derivado de la palabra hebrea “rama.” Según el evangelista Juan, la región Galilea tenía una mala reputación y Nazareth tenía una reputación aún más pobre. La palabra hebrea “Netzer”, de la que deriva Nazareth, se refiere a las ramitas pequeñas que no tienen valor.

La historia sitúa a Jesús en un evento a los 12 años cuando, a pesar de su pobreza, José y María viajan a Jerusalén para convertir al niño en “un hijo de la ley” según la tradición judía. La vida de Jesús entre los 12 y los 30 años no está muy documentada.

Después de esa edad, según el historiador judío fariseo Josefo, “por aquel tiempo existió un hombre sabio, llamado Jesús, si es lícito llamarlo hombre, porque realizó grandes milagros y fue maestro de aquellos hombres que aceptan con placer la verdad. Atrajo a él tanto muchos de los judíos y muchos de los gentiles. (Antigüedades Judías 20.9.1).

Jesús incluyó en su misión a la mujer, representada por María de Magdala, María de Magdal-eder (palabra que en hebreo significa torre) o como la conocemos María Magdalena. Fue ella, según la tradición oral, principal en la formación de los primeros días del cristianismo con las llamadas “iglesias domesticas”. Magdala, ciudad Galilea, señalada de libertina y herética, tenida por las autoridades judías y romanas como territorio de rebeldes, contaminada por “culturas extranjeras”.

Históricamente María de Magdala, señalada erróneamente de ser una prostituta, luego arrepentida, era cercana a Jesús y acompañante de su misión hasta el día de la crucifixión. Fue a partir de una Homilía de Pascua del Papa Gregorio Magno, en 591, en la que se confundió a María de Magdala con María de Betania, si pecadora, según los evangelistas Lucas y Mateo, cuando se empezó a mencionar a la de Magdala como prostituta. Fue María de Betania quien ungió los pies de Jesús en casa de Simón el leproso y arrepentida pidió su perdón. Es un error histórico considerar a María Magdalena como prostituta.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. El Nuevo Día no responde por los puntos de vista que allí se expresen.