Presidente candidato

Jaime Eduardo Reyes

Durante los últimos días el presidente Petro recorrió algunas regiones del país haciendo promesas como si estuviera en campaña, durante sus intervenciones ha hablado de todo y de nada, ha hecho promesas que difícilmente podría cumplir buscando mejorar sus cifras de aceptación y popularidad. Al parecer le gusta más la condición de candidato que de gobernante, como candidato tenia una alta aceptación, como gobernante no tanta.
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Esto se explica porque el gobierno no ha logrado concretar una agenda permanente, la propuesta de la paz total ha retrocedido al país a escenarios de hace dos décadas atrás, las propuesta de reformas presentadas al congreso no ha logrado consenso reales, la ejecución presupuestal es la más baja en la historia durante los últimos veinte años. 

Durante los últimos días propuso una constituyente porque el Congreso no le aprueba los proyectos como él quiere, quiere cambiar el contrato social de la nación, cambiar el modelo económico e institucional. Es una propuesta alejada de los compromisos y al discurso que eligió el candidato Petro, una propuesta que no nace de un fervor social, una propuesta que nace del proyecto político de petro. 

Por supuesto, una constituyente es una propuesta que mueve las fibras del país político, muchos dirigentes nacionales quisieran una constituyente, su propia constituyente, la de cada uno de ellos. 

Este fin de semana habló de crear nuevos departamentos, de construir acueductos y alcantarillados, aeropuertos y trenes, y de tantas otras cosas que ya la opinión no se acuerda de otras tantas promesas como construir nuevas universidades o la reforma rural.

Lograr las transformaciones que necesita Colombia no requiere una constituyente, alcanzar la paz no requiere una constituyente, las reformas sociales no requieren una constituyente, para lograr las transformaciones lo que se requiere es establecer los consensos necesarios entre los diferentes sectores sociales y políticos. 

Alcanzar el cambio que requiere Colombia necesita un presidente que gobierne, no necesita un presidente candidato. Alguien cercano al presidente debería decirle que ya es el jefe de estado y de gobierno, que tiene presupuestos importantes para ejecutar, y que cada día que pasa se le acaba el tiempo del periodo para el que fue electo.

Y si de ejecutar recursos, también deberían decirle que el nuevo ministerio de la igualdad se está quedando en el papel y que se está convirtiendo en el gran fracaso de su vicepresidenta y de él mismo. 

Mientras esto ocurre, los liderazgos locales y regionales han empezado a ganar mayores espacios, sobre todo porque los nuevos alcaldes y gobernadores están concentrados en hacer lo que tienen que hacer, gobernar.

JAIME EDUARDO REYES

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