Falta de grandeza

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El deseo de nuestro pueblo de ponerle fin a la precariedad de su nivel de vida tiene el peor obstáculo en sectores oligárquicos que a sabiendas de que tan justificado querer solo puede satisfacerse con la mengua de sus exagerados beneficios, hacen todo lo contrario: aprovechan el monopolio del poder para acrecentar aún más sus riquezas. Ante tal despropósito, solo queda la opción popular de crear un nuevo poder, comprometido con la felicidad para todos.

Pero tal objetivo requiere de unidad entre los diversos destacamentos políticos, y aquí hay un problema. Cada grupo cree tener la verdad, tal vez sin darse cuenta de que su verdad es solo la que beneficia los intereses de algunos de los sectores de clase que habitan en su seno (obreros, campesinos, indígenas, artesanos, profesionales independientes, académicos, científicos, trabajadores por cuenta propia, etcétera), todos víctimas de alguna forma de explotación, aunque unos en forma más directa que otros.

Lo afortunado es que durante los últimos años se están dando agrupamientos que rebasan, aunque insuficientemente, los linderos de clase o sector de clase, dando lugar a grandes movilizaciones, como las acaudilladas por Marcha Patriótica, las llamadas Dignidades o el Congreso de los Pueblos. Infortunadamente, esa insuficiencia dificulta el aprovechamiento de coyunturas tan importantes como la actual, que resulta favorable a un revolcón en el Congreso, cuyas curules están hoy en disputa.

Sin embargo, aún estamos a tiempo, y la necesidad de éxito en los diálogos de La Habana así lo demandan. Allí se está discutiendo el cómo poner fin a un conflicto social y armado que por años ha sido aprovechado por el régimen de las oligarquías para llenarse de motivos y pretextos para acabar con todo pensamiento disidente, y peor aún si es revolucionario.

Pero también se discute el cómo comenzar a construir justicia social y democracia, que es de lo que carecen las clases y capas sociales que forman parte del espectro popular. En torno a la defensa de estos diálogos se vienen agrupando fuerzas como las de la Unión Patriótica y la Alianza Verde, que además han entendido la necesidad de crear una bancada senatorial capaz de garantizar las reformas necesarias a los fines de la paz.

Las demás fuerzas de izquierda, democráticas y progresistas también lo entienden, pero para materializar esa comprensión hace falta grandeza. Grandeza que también necesitamos para ponerle fin al eterno reclamo que se le hace a la izquierda por vivir en la desunión, pese a pronunciar toda ella discursos muy parecidos.

Grandeza indispensable para que podamos ver los intereses de grupo supeditados a los intereses de los más necesitados. ¿Será que seremos capaces de alcanzarla?

RODRIGO LÓPEZ OVIEDO

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