¿De quién es el éxito del 9 de abril?

Ante la enorme importancia que tendría la Cumbre de Panamá, sobre todo por el encuentro entre Raúl Castro y Barack Obama, presumí que el comentario de esta semana giraría en torno a tal hecho, pero hube de dedicar este espacio a las Marchas por la Paz del pasado 9 de abril.

En esta decisión pesó, no el imponente éxito reflejado en la multitud de ciudadanos que desfilaron, ni que ese éxito haya sido el fruto de la acción mancomunada de fuerzas que antes solo se juntaban para sacarse los chiritos al sol. No, allí peso la pretensión de otros de quedarse con las mieles del triunfo.

Como siempre ha ocurrido, y como lo dijo don Álvaro Salom Becerra, “al pueblo nunca la toca”.

Lo peor es que ni siquiera le toca cuando de celebrar los éxitos se trata, así correspondan a hechos de los que el mismo pueblo ha sido el protagonista.

En las vísperas de las marchas, por ejemplo, Juan Manuel Santos presagió el éxito de esta movilización, y prontamente se subió al carro de los organizadores “mediáticos” para ver qué le tocaba en la repartición que haría la gran prensa al referirse al hecho.

Pues, precisamente, para la gran prensa, uno de los triunfadores de la jornada fue él.

Por su parte, Gustavo Petro hizo lo propio, aunque honrado es decirlo, aportando, él sí, buena parte de su patrimonio político y algo de los recursos del Distrito, pues la ocasión bien lo ameritaba.

Pues a él también le tocó parte de la tajada, aunque para ello tuvo que intervenir el Canal Capital, fiel al gobierno de la Bogotá Humana, como debe ser.

Por eso nos toca decir que no. Que los únicos triunfadores en esta gloriosa fecha fueron esas marejadas de campesinos, indígenas y trabajadores de todas las condiciones que se trasladaron desde los más apartados lugares del país para decirle al Estado que defienden el proceso de La Habana, pero que se queda corto si no lo extiende a las otras dos organizaciones insurgentes, que exigen expedición de certificado de defunción a la muerte mediante el cese bilateral de fuegos, que demandan una Asamblea Nacional Constituyente y que reclaman esas reformas que se requieren para que la paz que se alcance sea estable y duradera y que son contrarias a tanto proyecto neoliberal como el que cursa en el Congreso, comenzando por el Plan Nacional de Desarrollo.

Estos humildes marchantes son los verdaderos merecedores de las coronas de laurel de la jornada, así como algún día recibirán el premio mayor de las transformaciones que ellos mismos están protagonizando.

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