“Un viaje de mil millas comienza con un primer paso”

“Colombianopitecus circense”, fue una obra de teatro estrenada en Bogotá hace ya varios años por el grupo “Ditirambo”, la cual, mediante un encantador juego de música y máscaras, describía la variada tipología de colombianos que coexisten en la actualidad, grupo dentro del cual sobresale notoriamente aquel que busca aprovecharse del error ajeno, hace mal uso de la confianza que se le dispensa, o abusa de la posición dominante cuando la tiene, terminando por convertirse en un mal ejemplo pero con total aceptación social, tanto que entre las “cualidades” que se le destacan a alguien hoy, están estas, bajo el calificativo genérico de “viveza”.
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Entendiéndose esta como el arte de sacar ventaja, bien lícita o ilícitamente, en las varias situaciones que le brinda la vida al “vivo” y que es ejercida sin sentimiento de culpa alguno por el daño que con él pueda causarle al semejante.

De esta manera, esta suerte de personajes va por la vida abusando de los que “dan papaya”, o sea de aquellos que sí creen en el valor de tener fe en el semejante y respetar el derecho ajeno, enriqueciéndose injustamente en medio de la admiración de los que no ven en estas conductas nada de censurable y sí un ejemplo digno de imitar.

Realidad que ya ha hecho metástasis en todas las capas de la sociedad, trastocando los valores y alterando de manera tan negativa las costumbres, que casi se puede llegar a decir que estamos inmersos en una “neo cultura” en la que también es aceptable y hasta “lícito” el uso indebido de los bienes comunitarios o la utilización en provecho propio de los recursos del erario público o el conocido “CVY” (¿cómo voy yo?) que institucionalizaron los funcionarios del Estado y que ya hace parte del folclor patrio.

Llegándose a erigir, elegir o designar políticos, caudillos, gobernantes, legisladores, funcionarios y hasta dirigentes cívicos, sin que sus “vivezas” presentes o pasadas, sus ilegítimas actividades o sus nexos con criminales afecten su imagen, o en las más de las veces, pensando que estos son comportamientos merecedores del respaldo y reconocimiento generales, máxime cuando aquellos pueden llegar a dispensar favores o contratos con cargo al erario, como lo estamos viendo recientemente en la elección al Congreso de personajes como Mario Castaño o Piedad Córdoba, o con la de Luis H. a la alcaldía local y otros muchos semejantes entre nosotros, a guisa de ejemplos, relativamente recientes.

Porque es claro que ante esta clase de personajillos, la opinión debe, no solo sentirse agraviada y censurar y denunciar, sino por sobre todo formar causa común contra sus reprochables conductas que a todos afectan y dañan, en la certeza de que “la viveza”, debe combatirse, provenga de donde proviniere, sin subjetivas discriminaciones en su valoración. Y difundir al respecto mensajes éticos por doquier, buscando erradicar de una vez por todas la apología de esa lacra, tan difundida, al aberrante punto que hasta en el cercano pasado el presidente Santos la invocó en sus alocuciones al país, procurando que se le dé el más eficaz de los reproches: “el social”, que se expresa en el señalamiento y la descalificación del “vivo”, su discriminación y aislamiento para ocupar posiciones de dirección, comando y manejo, que aunque no sea la totalidad de lo que se requiere hacer contra la inmoralidad, si es como enseñó el filósofo e ícono de la cultura china, Lao-Tsé: “el primer paso con el que comienza un viaje de mil millas”.

 

MANUEL JOSÉ ÁLVAREZ DIDYME-DÔME

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