Los riesgos del terrorismo

Si los episodios que se vivieron esta semana en Cauca y Nariño son un anticipo del futuro que nos espera en materia de orden público, vamos a tener días muy dolorosos y nefastos.

Las FARC harían bien en pensar los pasos que están dando, precipitarse por el sendero terrorista puede ser el camino no sólo para su aniquilamiento militar sino la renuncia anticipada a constituirse en una opción política legal. El uso del terrorismo puede llevarles a tomar un camino sin retorno.

Una cosa es la lucha armada y otra muy distinta el terrorismo. Y si bien lo primero carece de razón de ser en estos tiempos, predominantemente mediáticos y de multitudes, la verdad es que una buena parte del país estaría dispuesta a perdonar, e inclusive a olvidar, con tal de conseguir la paz y reconciliar los espíritus. Pero una cosa muy diferente es la apelación al terrorismo, que cobra vidas inocentes, no importa si son de personas humildes o no. En esto la experiencia española es absolutamente aleccionadora. La puerta del terrorismo no conduce a ninguna parte diferente al desprecio, a la cárcel o a la muerte. Frente a hechos como los del Cauca y de Nariño las FARC se van a estrellar con un inmensa muralla ciudadana, al igual que se estrelló ETA en España, hasta que sólo le quedó la vía de la disolución unilateral.

En esto no puede haber dudas por parte de quien se considere demócrata. Se trata de cerrar filas contra el uso del terror. Mientras se apele a él no hay nada de qué hablar. Si las FARC quieren ser escuchadas van a tener que hacer un claro deslinde con el terrorismo. Se me dirá que esto no es nuevo en ellas, y puede ser cierto, pero algo va de hechos aislados a una política sistemática. Personalmente he sido amigo del diálogo y de la negociación para que se supere el conflicto, pese a creer que la lucha armada carece de pertinencia y de justificación moral. Pero como dije antes, una cosa es una cosa, y otra cosa es otra cosa. Frente al terrorismo, nada. Sólo cabe derrotarlo. No se le puede hacer concesiones, porque cada concesión sería un estímulo para su incesante reproducción, significaría la destrucción de los cimientos sobre los cuales se funda la sociedad. El respeto a la vida, y en particular a la vida de personas inocentes, es un imperativo ético.

Pero no hace falta mirar experiencias foráneas para saber que el terrorismo carece de futuro. El nunca bien recordado Pablo Escobar Gaviria perdió la partida y cavó su propia tumba cuando se internó en los sórdidos y oscuros laberintos del terror; cuando se dedicó a poner bombas en Antioquia y en Bogotá, a volar aviones y a matar policías el país entero se unió contra él. La institucionalidad colombiana tiene aún muchos lunares y falencias, eso es cierto, pero todo ello es absolutamente perfectible sin necesidad de empuñar armas ni de poner bombas. La administración Santos ha tenido aciertos y desaciertos. Se puede ser partidario de ella o crítico. Pero habrá que estar con ella sin condicionamiento alguno frente al uso del terrorismo.

La huida hacia adelante que están haciendo las FARC puede entrañar su propia destrucción. Basta con ver las reacciones internacionales; con leer las declaraciones de Todd Howland, delegado de la alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, quien expresó su "denuncia y rechazo"; o las de Catherine Ashton, alta representante dela Unión Europea para Asuntos Exteriores, cuando afirma que... "esta violencia arbitraria es inaceptable". La ola de indignación frente a estos hechos es inmensa. Sería sensato que las FARC midieran los riesgos del terrorismo.

Credito
GUILLERMO PÉREZ FLÓREZ

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