Remedo de justicia

El presidente Santos tiene ahora el desafío de integrar una terna no de lujo, sino de oro. Desde luego que no será fácil. Encontrar justos en este reino es casi una misión imposible.

Colombia ha progresado mucho en materia de civilidad; hace unos años a la fiscal general, Viviane Morales, sus enemigos la hubieran mandado matar, ahora se han limitado a tumbarla. Sus días en el cargo estaban contados, como creo que lo están los de la Contralora General, ella estaba pisando callos a personas muy poderosas e influyentes. Ese es el trasfondo de toda la tramoya leguleya que constituye la salida de Morales; lo demás es sólo un ropaje vulgar y barato.

El país sabe que, contrario a cuanto puedan argumentar en el Consejo de Estado, la anulación de su elección no constituye un fortalecimiento del Estado de derecho, sino la utilización politiquera del mismo para entrabar la actuación de la justicia. Durante los pocos meses que estuvo al frente de la fiscalía, Viviane Morales se granjeó poderosos enemigos, públicos y soterrados, que querían que saliera. Ella acaba de hacer la mejor fiscalía que se haya hecho desde cuando se creó esta institución. No digo perfecta, digo apenas la mejor, porque así creo que es. Morales demostró que sí era posible investigar y llevar a juicio a los delincuentes, por poderosos o siniestros que fuesen, y no sólo a quien se roba un par de gallinas. Su paso por el puesto fue una bocanada de aire fresco, nos devolvió la esperanza de que sí es posible tener justicia.


Colombia está lejos de derrotar la corrupción. En realidad la corrupción es una subcultura que ha permeado a todos los sectores sociales y políticos. No es patrimonio exclusivo de ningún partido o movimiento ni de sector o estrato social alguno. Obviamente, que arriba está peor que abajo, abajo muchas personas recurren al delito por necesidad, arriba es para satisfacer pornográficos apetitos de enriquecimiento rápido. Por ello creo que Morales estaba haciendo la mejor fiscalía de todas, porque no le temblaba la mano para tocar a los intocables. Uno de los mitos que anidan en el alma del pueblo colombiano es el de que la justicia es para los de ruana: Viviane Morales estaba removiendo ese mito. De allí que su salida constituya una frustración para millones de personas humildes, sencillas y trabajadoras que no medran en torno al aparato estatal. Imagino que esta semana se descorcharon varias decenas de botellas de champaña.


El presidente Santos tiene ahora el desafío de integrar una terna no de lujo, sino de oro. Desde luego que no será fácil. Encontrar justos en este reino es casi una misión imposible. A veces uno piensa que no hay por quién rezar, pero tiene que haber alguien, seguro que sí. Si busca bien, encuentra, señor Presidente. La Colombia decente y trabajadora clama por un o una fiscal que esté a la altura de las circunstancias, por una persona que entienda que lo más importante que hay que hacer por este país es restaurarlo moralmente, como pedía Gaitán en el siglo pasado.


Me gustaría saber cómo se sentirán los moralistas que azuzaron desde la prensa a Viviane Morales, posando de guardianes de una ética pública que les facultaba a meterse debajo de las cobijas de la fiscal. El problema es que el tiro podría salirles por la culata. Qué tal que llegue al cargo una persona menos vulnerable, y comprometida con dar continuidad a la obra de Morales. Quién sabe. La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida. Lo primero es que el presidente Santos integre la nueva terna. Creo que nunca antes el país va a estar tan expectante. Vamos a ver si encuentra. No se quiere un remedo de justicia: se aspira a una justicia seria y responsable. Santos y la Corte tienen la responsabilidad de que Colombia vuelva a creer en la justicia.

Credito
GUILLERMO PÉREZ FLÓREZ

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