¿Maduro está maduro?

Las cosas no están bien en Venezuela. No es solo que sea el país con la inflación más alta de todos, 68.5 %, con gravísimos problemas de seguridad ciudadana y crisis económica, sino que tiene un clima de crispación política verdaderamente insostenible.

El año pasado, al igual que en 2013, Caracas fue la segunda ciudad del mundo con mayor tasa de homicidios (115.98 por cada 100 mil habitantes), después de San Pedro Sula, en Honduras. Es una tasa similar a la que alcanzó Medellín en la época de Pablo Escobar. La capital venezolana se ha convertido en una de las ciudades más peligrosas del planeta. Actualmente, Cali ocupa el noveno lugar entre las 50 ciudades más violentas del mundo, y su tasa de homicidios es 65,25 por cada 100 mil habitantes, pero, como puede ver, Caracas casi la dobla.

Por el lado político las cosas no están mejor en la cuna de Bolívar. El encarcelamiento de Antonio Ledezma, el alcalde de Caracas, es un pésimo precedente sobre la ausencia de garantías políticas y marcará un punto de inflexión, que con seguridad capitalizará la oposición contra el régimen chavista.

El presidente Maduro está generando la percepción de estar acorralado por la crisis económica y en especial por la caída de los precios del petróleo. La patética declaración en la Asamblea Nacional, que ya hizo carrera, aquel “Dios proveerá”, muestra a un hombre al borde de las lágrimas sin saber qué hacer. No puede ni siquiera echar mano del expediente antigringo, pues Obama no es Bush, como lo han demostrado en especial los últimos acontecimientos. La voz de los hermanos Castro en este campo se ha apagado y Maduro se ha quedado prácticamente solo, el único que parece secundarlo con esporádicas salidas es el presidente Evo Morales. De resto, casi toda la izquierda latinoamericana ha guardado su hacha de guerra antiimperialista.

Hay dos cosas que un régimen que se reclame democrático no puede hacer: una, es encarcelar a sus opositores; y la otra, imponer mordazas a la prensa, y Maduro ha hecho ambas.

Venezuela ocupa hoy el primer lugar de la agenda latinoamericana y constituye un desafío enorme para la Unasur. Por eso creo que ha hecho bien su secretario General, el expresidente Samper, al pedirle a los cancilleres de Brasil, Mauro Vieira; de Colombia, María Ángela Holguín, y de Ecuador, Ricardo Patiño, que viajen a Caracas y sostengan una reunión directa con el Gobierno bolivariano. Samper y la Unasur se apuntarían un éxito grande si consiguen que la Fiscalía venezolana libere a Ledezma y a Leopoldo López. Maduro debe rodear de garantías a la oposición, eso hace parte del costo de la democracia y no debe negarse a pagarlo.

Se avecinan días de tormenta en Venezuela. Es un hecho que en Colombia no podemos ignorar. El sueño chavista ha derivado en pesadilla, y eso es una mala noticia para quienes veían en él un modelo político a imitar. Maduro parece estar maduro y podría caerse. Hay que hacer votos para que Venezuela no se precipite en un abismo insondable, y por que Miraflores encuentre salidas para las múltiples crisis que hoy agobian a este país hermano.

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