De que lo hagan mejor líbranos, Señor

Francamente me aterra que quienes en el pasado dirigieron los destinos del Tolima en forma irresponsable y poco transparente, pudieran regresar al poder en las próximas elecciones, sobre todo si prometen hacerlo mejor. No quiero imaginar qué ocurriría con el Tolima en un sombrío panorama en el que los vicios del pasado se exacerbaran para cumplir esa temible promesa.

¿Quizá el hospital Federico Lleras Acosta volvería a ser presa de la politiquería y la corruptela, que lo llevarían de nuevo a una dramática crisis financiera, esta vez sin retorno?, o tal vez ¿se perderían los importantes avances alcanzados en la recuperación de empresas publicas emblemáticas como la Fábrica de Licores y la Lotería del Tolima, las cuales, por los turbios manejos, pudieran quedar otra vez en riesgo de desaparecer, poniendo en peligro las transferencias de recursos para la salud de los tolimenses?

Como si eso fuera poco, posiblemente la espantosa promesa de hacerlo mejor podría entrañar otras picardías que los tolimenses ya no quieren aceptar. Me pregunto si en lugar de seguir recuperando los niveles de transparencia, como lo ha venido haciendo el actual Gobierno, volverían los tiempos en los que las licitaciones públicas se definían entre uno o dos proponentes, no porque faltaran los interesados, sino porque las remotas posibilidades de lograr la adjudicación de un contrato desanimaba hasta al más experimentado contratista. O si de pronto volviera a imponerse la moda de contratar cuantiosas sumas de dinero a través de convenios interinstitucionales con entidades de derecho privado sin reconocida idoneidad, como alternativa para evadir el principio de transparencia en la contratación pública.

También me azara la posibilidad de que llegara a crearse otro fondo de préstamos que, en lugar de servir de fomento a los microempresarios que no pudieran acceder a los mercados financieros convencionales, terminara entregando los dineros sin ninguna garantía seria, y peor aún, a personas que de antemano se sabe que no pueden pagar, permitiendo de esta manera una decepcionante dilapidación de los recursos que nos pertenecen a todos. Pero probablemente eso no sería todo.

Qué tal que las finanzas publicas volvieran a ser manejadas de una forma tan insensata, que llevaran al departamento del Tolima a descender de nuevo a la tercera categoría, o por qué no, a la cuarta, al fin y al cabo eso sería hacerlo mejor.

Creo que el Tolima merece ser orientado por alguien a quien el pasado no lo atormente, para que pueda alcanzar un adecuado nivel de gobernabilidad. Una persona que no solo haga buenas propuestas, sino que cuente con las virtudes y capacidades para materializarlas en su periodo de gobierno. En estos casi cuatro años hemos avanzado en la construcción de una entidad territorial seria, honesta y respetable en los ámbitos regional y nacional, algo que no podemos dejar perder.

Por fortuna no son muchas las probabilidades de que regresen al poder los siniestros personajes que en el pasado le hicieron tanto daño a la gestión política-administrativa del departamento. Sin embargo no podemos confiarnos, ya sabemos de lo que son capaces, por eso es mejor que no lo hagan mejor.

Como dice el famoso refrán “al perro no lo… dos veces”.

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