Un problema para todos

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Inicialmente quiero expresar mis condolencias con las familias que han sufrido el gran dolor de perder a sus seres queridos a través de uno de los fenómenos más tristes de nuestra sociedad, el suicidio. Elevo una oración a Dios y escribo esta columna con mucho respeto para con ellos.

Los recientes casos de suicidios en Ibagué tienen conmocionados no solo a las familias de estas personas, sino también a toda la sociedad de esta ciudad, no hay duda alguna que este fenómeno no se puede tolerar. Es prioritario que la administración municipal tome cartas en el asunto y considere diseñar una política pública en la que se reflexione todos los factores que pueden estar asociados a este problema.

Y es que algo no está bien para que en la última semana se hayan presentado estos casos, como sociedad tenemos que reconocer que estamos frente a un problema realmente delicado, no podemos admitirlos y registrarlos como hechos aislados.

Lo sucedido debe alertar a todas las familias, cuando se lee o escucha a los padres de estas personas, en la mayoría de los casos no se encuentra una explicación a los hechos, lo que llama poderosamente la atención. Debe alertar porque los suicidios toman por sorpresa a las personas más cercanas mostrando problemas de comunicación.

Lo mismo ocurre en los colegios con los profesores, directivos y compañeros, estos tampoco advierten a tiempo que los suicidios pudieran ocurrir.

Por obvias razones no me atrevo a hacer un diagnóstico social del porqué de estos comportamientos, pero sí me atrevo a plantear que todos tenemos un grado de responsabilidad y que como sociedad estamos enviando un pésimo mensaje a nuestras nuevas generaciones sino hacemos algo en particular para atender esta situación. Considero, al igual que lo hizo el Concejo de Ibagué, que se debe declarar una emergencia social.

El Alcalde de Ibagué y su secretario de salud deben conformar urgentemente un equipo de trabajo, integrado por expertos sobre el tema, para que diseñen una estrategia que permita identificar las posibles causas de los suicidios y desde allí plantear una estrategia que evite que se repitan estos acontecimientos. La meta debe plantear cero casos de suicidios en Ibagué. Aquí es importante la participación del Bienestar familiar, de las comisarías de familias, y de la Secretaría de Educación.

Este equipo de trabajo debe estar integrado por quienes pueden decidir en política pública, aquellos que pueden disponer de recursos financieros y humanos para controlar este fenómeno. Los grupos de interés sobre los que se debe trabajar son las familias y los colegios, las escuelas de padres y las reuniones de profesores tienen que abordar esta realidad.

Alguien podría decir que la intervención del Estado a través del Gobierno municipal no sería necesario si las familias recuperan los espacios de conversación y diálogos entre sus integrantes, de mayor atención de los padres para sus hijos, y, por supuesto que tendrían razón.

El uso obsesivo de los medios de comunicación, los afanes económicos, la adopción de antivalores está llevando a que nuestra sociedad no se esté comunicando, a que los espacios de acompañamiento familiar y de formación se pierdan.

Credito
JAIME EDUARDO REYES

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