Tlatelolco y Cocula: Historias para no olvidar

México llora de nuevo a sus estudiantes muertos. La indignación cunde en los rostros tostados por el sol y ellos no pueden entender por qué la tragedia siempre se ensaña con los desposeídos.

La historia se repite, esta vez con mayor sevicia, las víctimas eran jóvenes normalistas que se preparaban para desempeñar la profesión más noble del mundo, pero les cegaron la vida, privaron a la región de Ayotzinapa de un contingente de maestros que iban a sembrar la alegría por la vida y el entusiasmo por el conocimiento. Ellos sólo pedían condiciones para poder estudiar

En el atardecer del 2 de octubre de 1968, en la plaza de las Tres Culturas en Ciudad de México, miles de estudiantes, emulando a los jóvenes franceses de “Mayo del 68”, se movilizaban exigiendo “libertad, libertad” y, como lo narró la escritora Elena Poniatowska, en su hermosa crónica: “surgieron del cielo las luces de bengala que hicieron que los concurrentes dirigieran automáticamente su mirada arriba. Se oyeron los primeros disparos”.

Cuarenta y seis años después, el 26 de septiembre del 2014, un grupo de la policía de la localidad de Iguala, por orden de su alcalde detienen a cuarenta y tres manifestantes, los suben a unos camiones y son llevados como animales a la población de Cocula, allí son entregados a un grupo de narcotraficantes, llamados los “Guerreros unidos”, y estos los arrojan a un basurero, les rocean gasolina y avivan la hoguera con llantas y retales de madera. Los estudiantes solo pedían transporte para ir a estudiar.

Los móviles nunca fueron aclarados, Gustavo Díaz Ordaz recibió el repudio nacional en rueda internacional, sin embargo los XIX Juegos Olímpicos se inauguraron unos días después y el cinismo del gobierno llegó hasta la ironía de bautizar el evento como “Los Juegos de La Paz”.

Una Paloma negra de papel llegó hasta las manos del presidente, como recordándole que era una gran mentira que los estudiantes fueran a sabotear esta realización.

El alcalde de Iguala fue removido por ser el directo responsable de la detención de los normalistas y también por haber dado la orden de que se los entregaran a sus amigos, los narcotraficantes para que los incinerarán.

La única acusación que pudo esgrimir el exfuncionario contra los jóvenes fue la de que iban a boicotear una reunión política de su señora, mientras el actual presidente de la república viajaba a la China, en plan de negocios, mientras una marea de más de cien mil personas, al igual que los estudiantes, sólo exigían justicia.

Con la herida aún fresca, como lo escribió la Poniatowska, hoy solo podemos pedirle a la memoria que esculpa estos hechos, para que jamás nadie los olvide.

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