El camino es más que culebrero

 

Todos sabemos que para la paz, el camino no solo es culebrero, sino que cuenta también con aves carroñeras que están al acecho para hincar sus garras sobre las víctimas de la irracionalidad, también sobrevuelan los aposentos del poder y se sientan a esperar la llegada de los micrófonos y las cámaras para anunciar la hecatombe y el fracaso de un proceso anegado de sangre, pero lleno también de esperanza.

El paciente de hybris no tiene mejoría y, por el contrario, se pasea por todas partes trinando como ave agorera el triunfo de los atilas y sus bárbaras prácticas. Otro que también monta en los potros de la desinformación y en nombre de un dios guerrero, reza su rosario de imprecaciones en ciudades y pueblos, luego de haberlo hecho ante los señores del sacro poder imperial.

Hemos asistido estos últimos días al destape de muchos enemigos encubiertos de una quimera que aspiramos se materialice algún día. Ellos están empotrados en todas las esferas de la sociedad. Desde el mismo Ministro que, con cara de satisfacción informa que más colombianos han caído por la acción oficial, como resultado de los primeros bombardeos después de la tregua. Sus ojos inyectados de venganza parecieran decirnos que se inicia el conteo del escarmiento, mientras que otros con retórica y cinismo, justifican las acciones de la destrucción y varias familias engrosan el número de las víctimas en las estadísticas, entre tanto los medios de comunicación se encarnizan presentando historias de vida que conmueven.

Ingenuamente el pueblo raso cae en la trampa de la sensiblería y las cámaras se desplazan raudas a cubrir las manifestaciones de pequeños burgueses protegidos de la lluvia con sus sobretodos y gabanes, emitiendo consignas que condenan al enemigo y le exigen al presidente mano dura y resultados, sin que por un instante hayan intentando mirar desapasionadamente los factores del conflicto y sin que ellos hayan reflexionado sobre su rol en este rollo que nos compete a todos.

Por las redes sociales circulan los llamados de los nuevos cuervos para que se hagan plantones a las doce del día e ingenua o perversamente les piden a las gentes que vayan de negro. Los nuevos fascistas, con la nostalgia de las camisas negras del pasado, intentan generalizar su ritual de muerte y teñir de oscuridad el futuro del país, mientras las mayorías silenciosas, sospechosamente cierran sus labios y sopesan cada palabra para mantener su equilibrio en la región de la comodidad.

Todos sabemos que el camino es culebrero, pero lo que debemos impedir es que siga lloviendo sangre y muerte sobre este país que necesita una larga tregua para resarcirnos de tanto dolor, desesperanza, y miedo.

Comentarios