En este sector de Ibagué afirman haber visto al diablo y seducir a una joven

Crédito: Archivo / Internet / El Nuevo Día
Una de las leyendas urbanas más populares de Ibagué es aquella que da cuenta de la aparición del diablo durante un baile en el desaparecido club Baltazar, ubicado al margen derecho de la vía que conduce a Armenia, entre los barrios La Hoyada y El Amé, hoy conocidos como Combeima, Baltazar y El Libertador.
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A finales de la década del 50, durante una celebración de mitad de año, una bella bailarina proveniente de un país del caribe arribó a la tranquila y silenciosa Ibagué y se instaló en la “Casita de Margot”, un burdel de la zona de tolerancia del barrio El Amé.

Allí cautivó a los asiduos clientes de todas las clases sociales que admirados por su belleza, sensualidad y talento para el baile erótico, rápidamente corrieron la voz entre los demás caballeros alertando su presencia. La información llegó a oídos de un minero de Cajamarca que no dudó en poner a disposición de aquella dama toda su fortuna a cambio de una noche de copas, baile y compañía. La mujer, deslumbrada por las joyas, dinero y demás regalos, accedió a una cita con el galán en el sitio de moda de aquella época, el club Baltazar.

El lugar, de los más bellos de la ciudad, contaba con varios escenarios deportivos, kiosco, piscina y una plaza de toros conocida como “La Guadalupe”. En las noches se convertía en un centro de baile.

Sobre la media noche sonó la canción el Ron de Vinola. En ese momento un hombre alto, de piel morena, vestido de blanco y con la cara oculta bajo el ala del sombrero, llegó hasta la mesa donde departía la pareja y le arrebató la mujer al minero, que inmediatamente abandonó el lugar muy disgustado. Durante horas se escuchó la misma canción mientras el misterioso hombre y la bella mujer no paraban de bailar con evidente destreza y sensualidad.

De repente la mujer observó que los pies de su parejo se convirtieron en pezuñas y gritó despavorida. Después de tan macabra revelación, el lugar quedó a oscuras, la música se apagó y un gran estruendo sacudió el sitio que poco a poco empezó a inundarse producto de una avalancha que la furia del río Combeima descargó sobre las personas que se encontraban en ese momento bailando una canción prohibida por la iglesia.

De la agraciada mujer caribeña nunca más se supo, algunos dicen que la arrastró la furia de las aguas, otros, que días después fue encontrada muerta en una orilla.  Desde ese día el club Baltazar dejó de funcionar como en sus mejores épocas, la gente ya no asistía por considerarlo un lugar de malas costumbres y por temor a que el diablo se volviera a aparecer.

Se dice que quienes estaban presentes en aquella fatídica noche de baile y licor, recibieron, junto a la pecaminosa bailarina, un castigo por su mala conducta y por irrespeto a las fiestas religiosas. El Ron de Vinola es una de las canciones más populares durante las celebraciones de fin de año. Fue compuesta e interpretada en un inicio por Guillermo de Jesús Buitrago Henríquez y tras su muerte en 1949, Discos Fuentes abrió un concurso para encontrar una voz parecida, apareció  entonces Julio César Sanjuán Escorcia, conocido como “Buitraguito”, quien murió en el municipio de Piedras el 11 de septiembre de 2017.

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Redacción Web

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