En la plaza de la 14 hallaron un tesoro dentro de un televisor

Crédito: Archivo/ EL NUEVO DÍA
La ciudad tiene leyendas urbanas que hacen parte de la identidad de varias generaciones que a través de la oralidad las transmitieron hasta fijarlas en el imaginario colectivo de los ibaguereños. Conozca uno de estos asombrosos relatos.
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La plaza de la 14 es la más antigua de la ciudad. Empezó a construirse a finales de 1898 e inicialmente funcionó como pabellón de carnes, mercado campesino, venta de animales y espacio de encuentro para las masas rurales y urbanas: agricultores, jornaleros, andariegos, coteros, revendedores, choferes, obreros, entre otros. 

Los terrenos alrededor de esta galería registraban inestabilidad en la época de invierno y los derrumbes eran constantes y cobraron varias vidas durante décadas, entre esas las de dos niños a finales de 1978. Los pequeños se quedaban solos en una habitación de inquilinato que había cerca a la cuesta de Chapinero, esto mientras su madre salía a trabajar en las noches y madrugadas. 

En estos lugares de alojamiento barato también vivían personas que a diario pedían limosna en el centro de Ibagué y dos de ellos se convirtieron en leyendas urbanas una madrugada lluviosa de aquel año cuando un alud de tierra sepultó varios cuartos de una de estas residencias y acabó con la vida de los dos niños cuya madre se empleaba en la prostitución y al momento del desastre se encontraba laborando. 

Las dos personas que se dedicaban a diario a estirar la mano acudiendo a la caridad de los ibaguereños y habitaban en esa misma pensión ya habían salido a cumplir su misión diaria, por lo que se salvaron de morir sepultados. Lo que no corrió la misma suerte fue el tesoro que tenían escondido al interior de un viejo televisor que funcionaba como caja fuerte.  

Luego de la emergencia y el rescate de los cuerpos, una multitud de curiosos ingresó al lote para llevarse los elementos que no alcanzaron a quedar bajo el derrumbe y entre esos estaba aquel televisor. 

Cuentan en la plaza que el afortunado acreedor de aquel tesoro inicialmente pensó que podría vender el cobre del aparato, pero cuando lo abrió se dio cuenta que esto no sería necesario pues aquel cascarón estaba repleto de billetes de $200 pesos, debidamente organizados en fajos.

Dicen que aquel hombre se volvió un próspero comerciante de la zona luego de aquel día, mientras que los dueños originales del televisor tuvieron que volver a comenzar de cero y seguir acudiendo a la solidaridad de la gente que frecuenta el centro de la ciudad para lograr el recaudo de otra enorme fortuna, similar a la que perdieron en el derrumbe, una misión que tal vez les tomó varios años.  

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Redacción Web

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