La ciudad profunda

Navaja y pistola bajo la camiseta, entre el bolsillo de la pantaloneta un porro de marihuana, listo para echarse un “plon” en cualquier momento.
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Sin temor a la muerte, porque a esa edad, generalmente, los niños no tienen mucha noción sobre ésta. Sin embargo, la muerte le respira en la nuca todos los días. Sí, de quien estoy hablando no es de un adulto o joven, es de un niño de nueve años en el barrio El Bosque de Ibagué. La Ibagué profunda, esa ciudad que ni la crónica roja alcanza a retratar.

Si usted es de los que se sorprende con los titulares del Q’Hubo, déjeme decirle que esos son un cuento de fantasía, comparados con la ciudad que vive bajo la sombra del narcotráfico, microtráfico y la miseria de ciertos barrios del norte y sur. Uno de esos sectores es la ribera del río Combeima, sobre la comuna 11 y 12, particularmente. Allí se han conformado los principales corredores para los pequeños traficantes, habitantes de calle, ladrones, adictos entre el sur y el centro de la ciudad.

Hay lugares en esas comunas en los que la policía no entra, porque simplemente allí el Estado no manda, sino los jefes de la zona. Líneas invisibles, riñas y asesinatos por el control del territorial para el expendio de drogas. Niños, niñas y adolescentes reclutados por pandillas y bandas criminales, que les ofrecen una opción “fácil” para ganarse la vida.

No se puede tapar el sol con un dedo. Ibagué se llenó de mafia, solo que está soterrada. Se mueve entre la pobreza y la miseria, aunque también en los grandes círculos de la ciudad. La Policía muestra resultados contra las bandas criminales, atrapa y da “golpes” contra ellos. Eso es la punta del iceberg. Lo que está debajo, es toda la mafia que vive en prestigiosos barrios y va a clubes. Esa mafia que mueve el dinero para los prestamistas gota a gota. Y mafiosos de vieja data.

La Ibagué profunda es esa ciudad que sufren los más pobres y que disfrutan los que visitan clubes, compran apartamentos de hasta mil millones, en un municipio con el más alto desempleo. ¿Ah? ¿Tiene eso sentido?. Lo que leemos en la prensa no es de sorprenderse, porque la realidad es mucho peor. Nadie es capaz de hablar de esa ciudad, porque como en los peores tiempos los mafiosos están de nuevo en el poder.

NICOLÁS CAMARGO

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