Elecciones y voto responsable

18 Sep 2019 - 3:01am

Elecciones y voto responsable

Publicada por
HUGO RINCÓN GONZÁLEZ
Autor:

Jocosamente en una tertulia de personas a las que les gusta el análisis de los temas políticos, se afirmaba que Colombia es un país que se la pasa de elección en elección. Se eligen presidentes, congresistas, gobernadores, alcaldes, diputados, concejales, ediles, entre otros.

Luego de estas contiendas vienen otras que no se visibilizan tanto pero que son importantes también, las de las corporaciones autónomas, las cámaras de comercio, juntas de empresas públicas para solo mencionar unas pocas y finalmente luego de todas esas justas electorales, también se eligen reinas y princesas en todos los reinados habidos y por haber en nuestra nación que se cuenta como una de las más felices del mundo.

Tenemos una cultura electoral o electorera como se dice. Algunos dicen que por vivir de elección en elección somos un país democrático, independiente que aquí elijamos clanes, castas y familias que se apoderaron del poder público, defendiendo los intereses de una minoría y excluyendo a grandes sectores de la población que poco participa o es francamente apática a estos procesos.

En esta coyuntura y hasta el 27 de octubre las entidades territoriales se encuentran inmersas en las campañas electorales. Hay candidatos y candidatas de todos los colores y sabores, avalados por partidos y movimientos que expiden avales al por mayor y al detal. Lo de menos es el partido que avale al candidato, mencionan muchos de ellos, puesto que lo importante es elegir a la persona. ¿A la persona? ¿Luego es que no entendemos que el voto es programático y lo que elegimos son programas de gobierno que el candidato una vez elegido se compromete a cumplir?

Con el cuento de que lo importante es elegir a la persona independiente de los partidos y sus programas es que se ha profundizado la crisis política de estos. No hay fronteras ideológicas o políticas y por ello hay quienes siendo elegidos en un partido que defendió la paz, sin ruborizarse hoy hacen parte del partido que ha manifestado querer hacer trizas los acuerdos. No hay rubor ni pudor, puesto que hay que decirlo, nuestra sociedad tiene una enorme deficiencia en educación política, por ello elige a los mismos que han horadado los recursos públicos con los que se debería promover el desarrollo.

Es tan evidente esta falta de educación política entre la ciudadanía, que fuimos el único país que en el plebiscito preguntado si queríamos paz o continuar con el conflicto, votó a favor de éste, de la prolongación de una guerra que solo ha dejado desgracia en la mayoría de la gente de la nación. Una sociedad que, consultada sobre temas anticorrupción, votó insuficientemente para que estos temas terminaran naufragando ante la actitud indolente e irresponsable del congreso de la república.

Somos un país electorero, pero la ciudadanía no conoce suficientemente el poder del voto como mecanismo de participación. Elegimos mal porque esa capacidad que tenemos de cambiar las cosas mediante las elecciones solo ha servido para seguir prolongando el poder de quienes han gobernado mal el país y las regiones en los últimos tiempos.

Si hiciéramos un ejercicio con los votantes en estas elecciones y se les preguntara por las propuestas de los candidatos, con toda seguridad habría silencio de la inmensa mayoría, porque lo que menos importa son los programas y la gente solo recuerda algo, las vanas promesas que hacen todos los que andan en trance de hacerse elegir en los cargos. Desgraciadamente los ciudadanos eligen a los que prometen para no cumplir, los que ofertan dádivas de variada naturaleza, los que se aprovechan de la pobreza y la miseria de la gente que termina vendiendo su voto o los que sucumben ante el sueño de poder acceder a un empleo en alcaldías y gobernaciones.

En estas elecciones debemos recuperar el sentido del poder del voto ciudadano, un voto que debe ser responsable y honesto. Sufragar es un acto de responsabilidad con la región, con su territorio y sus gentes. Hay que desconfiar de los que prometen tanto, de los que invierten inmensas cantidades de dinero en sus campañas y de quienes tienen como mérito el de ser señalados por los que históricamente han detentado el poder.

Debemos reorientar la manera de vivir la política…

Este artículo obedece a la opinión del columnista. El Nuevo Día no responde por los puntos de vista que allí se expresen.