Sobre el viejo y el nuevo Tolima

Indeclinable debe ser el respeto por las ideas y el obrar político que cada quien asuma, sobre todo por ideas y acciones que no se comparten.
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Partiendo de ésta premisa opino que todos (los apáticos no) estamos engolosinados con las próximas elecciones para presidente y congreso, unos, porque allí deciden su suerte personal (el viejo Tolima) y otros por esperar el milagro de que el nuevo presidente y “el nuevo congreso” tengan sabiduría para generar cambios hacia un nuevo orden geopolítico. Porque el regionalismo lejos está de permear el saber político tolimense, a quienes creemos que el paìs debe construirse desde las regiones no es fácil augurar que en el “debate electoral”, el asunto de las autonomías regionales será excluido y que, por ello, nuestro progreso seguirá siendo tema superficial y mentiroso.

Claro, la genuina democracia y la visión política de lo regional no radican sólo en la ideología de cualquier político sino en una dialéctica que confronte ideas contrarias y de ésta manera hallar, como síntesis, el camino correcto para el Tolima. Así entonces, la culpa por miopía u omisión de la cuestión regional no es achacable a candidatos del común y que, además, no conocen al Tolima y sí, en gran medida, a quienes en su interlocución con los candidatos no confrontan sus tesis para saber a qué atenernos y más bien, así parece, aceptan argumentos electorales refritos que en nada explican lo esencial del futuro tolimense y, por tanto, como en cuatrienios anteriores, del próximo cuatrienio nada trascendente podemos esperar.

Pero no sólo desilusiona el entronque académico y mediático con la política, más grave aún es la mala nueva sobre pactos políticos para endosar votos tolimenses que lleven al Senado a políticos de otras regiones, pues ello corrobora, otra vez, que “nuestra política” carece de concepción tolimensista porque en “nuestros políticos” existe una garrafal ignorancia sobre lo regional; que la “política” es asunto de beneficio personal; que la visión político-territorial no genera coordenadas políticas; que pese al fracaso histórico del Tolima, el pucho de peso político que podemos tener se entrega al caudillismo; que muchos votos tolimenses no son libres o de opinión porque los subyuga la mascarada del tamal y las mentiras.

Todo candidato, hasta el más obtuso, aducirá su compromiso con el Tolima y por ello la falta de dialéctica, la contemporización y las alianzas espurias harán que el Tolima siga padeciendo el atraso, pues quienes creen, digamos que de buena fe, que con meras promesas debemos darnos por bien servidos, asumirán una posición política nacional sin entender que primero debemos ocuparnos de la construcción política alternativa en nuestro territorio y, por ello, su posición no será consecuente y coherente con el propósito de trasformar al Tolima.

Construir juntos un nuevo Tolima exige no caer en el error político de “pedir peras al olmo” y fundar otra realidad política cuyo norte ideológico se cimiente en principios regionalistas y en una unidad que ninguna respetable posición política nacional pueda agrietar.

ALBERTO BEJARANO ÁVILA

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