Toque de queda

Declarado el “Toque de queda” en la capital de la República el pasado viernes, todos sabemos que ello implica una clara afectación y restricción, al derecho fundamental de locomoción; esto es, de transitar con plena libertad por las calles de una ciudad. Sin embargo, no necesariamente conocemos los orígenes históricos de la expresión.

La expresión “Queda”, aludía en la antigüedad, al tiempo de la noche señalado en algunos pueblos, especialmente en las plazas cerradas, para que sus habitantes se recogieran. Dicho anuncio o aviso, se comunicaba con una campana; o en tratándose de la milicia con un tambor –Toque-.

Así las cosas, todos debían estar “quedos”, o mejor dicho, quietos, cuando así se disponía.

El último “toque de queda” que registra la historia en Bogotá, tuvo lugar el día 14 de Septiembre de 1977 – esto es, hace 42 años -, fecha de un gran paro nacional en el que los desmanes y excesos cobraron la vida de 10 personas; razón entre otras suficiente en ese momento, para justificar su declaratoria.

Con respecto a los excesos y desmanes que hemos podido vivenciar en los últimos días; el reciente “toque de queda” decretado, no solo resultaba una medida proporcional y racional, sino también necesaria. Sin embargo, no deja de causar perplejidad, que en pleno Siglo XXI, nos autodestruyamos como sociedad y tengamos que apelar o acudir, a este tipo de medidas. De hecho, no resulta fácil explicarle a nuestros hijos -especialmente cuando son menores- lo que está ocurriendo; más aún, cuando en nuestro rostro perciben la tristeza, la impotencia y hasta las lágrimas producto de la indignación.

Y como claramente no nos podemos quedar quietos, siendo testigos mudos de este mundo de locos que le vamos a heredar a nuestros retoños; es que debemos rechazar con firmeza y categoría, no solo el proceder de los vándalos, sino también el de aquellos políticos que los azuzan e instigan, quizás ignorando, que tal como diría Renny Yagosesky: “La violencia es un animal incontrolable, que suele terminar atacando a su propio amo”.

Ojalá que los puentes tendidos para el diálogo social por el Presidente de la República, sean transitados con premura y con éxito.

Ojalá su equipo de Gobierno no sea inferior a la responsabilidad histórica que le asiste, para encontrar caminos que disipen los odios, los ímpetus, y la rabia; y nos permita reconciliarnos como colombianos a partir de todo aquello que nos une; dejando de lado, las profundas diferencias que en algunos casos nos separan.

Excongresista

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