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No más improvisaciones

Todo indica que con preguntas como ¿Cuál es la agenda de la ciudad? de Camilo Ernesto Ossa B. y ¿Hacia dónde va Ibagué? de Jaime Eduardo Reyes, publicadas el 15 y 22 de agosto del año en curso en El Nuevo Día como columnas, se convalida la tesis del escritor tolimense William Ospina, quien sostiene que “el Estado colombiano no planifica, no prevé, no diseña y mucho menos controla”, lo que hace que las ciudades lleguen al caos. Si esto es cierto la pregunta es: ¿De qué sirven los desarrollos teóricos sobre “planeación de ciudad” y “desarrollo del territorio” que se exponen en los ambientes universitarios? ¿De qué sirve la alianza Universidad–Estado, si este último poco o nada le interesa lo que desarrolla la primera?
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Los estudiosos de la planeación sostienen que primero se debe visualizar a dónde se quiere llegar, qué se quiere ser o lograr, principio estratégico que permite definir el camino o ruta que se debe seguir que no es otra cosa que establecer el plan o planes, la agenda o agendas que coadyuven a lograr lo que previamente se ha definido. Desde luego que el mundo es dinámico, lo que implica monitorear el entorno con el fin de realizar ajustes al plan o planes trazados, situación muy similar a la que vive un piloto de un avión cuando en desarrollo del vuelo enfrenta turbulencias, ajusta el plan con tal de llegar al destino previamente establecido.

Es lamentable lo que vive Ibagué con relación a su desarrollo urbanístico soporte para el desarrollo empresarial y social, el cual es un enigma, lo triste es que tengo la sensación que a ninguno de los actores vivos de la ciudad le interesa este hecho. Ahí está el caso del intercambiador vial de la 60, la alcaldía sostiene que la obra es necesaria, los comerciantes del sector están preocupados por todo lo que dicha obra puede generar para sus negocios durante su construcción, algunos creen que será “un elefante blanco”. El experto Carlos Augusto Kaffure manifestó al El Nuevo Día, que la obra no es prioridad para la ciudad. Que sea una obra importante no se discute, lo que se debe discutir es si la obra es necesaria y pertinente en este momento para Ibagué. Lamentablemente al carecer de una planeación de ciudad no hay como refutar o apoyar dichos pronunciamientos.

Otra situación similar es la obra del “Bulevar de la Quinta” que según el mismo experto considera que ésta sí es importante para la ciudad, otros actores dicen lo contrario. Ni qué decir de la famosa ZONA G que ha generado cualquier tipo de quejas e incomodidades en los residentes de dicha zona, que si bien tuvo una buena intención, la misma no estaba en ningún plan de acción de la ciudad; es más, no sé si el POT tiene contemplado dicho sector como apto para ubicar este tipo de proyectos, más cuando dicho sector es totalmente residencial. Otra obra que está generando ruido es la del cable aéreo. La pregunta es, se justifica tanta improvisación que lo único que deja son recursos públicos invertidos sin ningún beneficio para la ciudad. Será que los ibaguereños no han hecho curva de aprendizaje con lo que viene pasando con las obras del acueducto complementario o los escenarios deportivos.

Creo que Ibagué merece que se le defina su norte, no se puede quedar solo en intenciones o pálpitos. ¿Ciudad turística? ¿Ciudad agroindustrial? ¿Ciudad Comercial? ¿Ciudad Industrial?  ¿Ciudad Mix?, esta decisión obliga a planear su desarrollo a partir de una ciudad soñada colectivamente. Además, esto le permitiría a quienes aspiren a gobernarla, definir, diseñar y presentar a los ibaguereños proyectos y agendas que aporten a la construcción de la ciudad que se quiere. No más improvisaciones, es hora de planear estableciendo indicadores de evaluación y seguimiento tal, que nos permita alcanzar el desarrollo de la ciudad. 

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FELIX RAMÓN TRIANA GAITÁN

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