La educación de la mujer impacta también en la familia

“Entidades territoriales con niveles más altos de desarrollo presentan mayor proporción de mujeres” es una conclusión que encuentro en la tercera entrega de resultados del censo nacional de 2018, entregado por el Dane en julio de 2019. Reúnen esa condición los departamentos de Valle, el distrito capital, de Bogotá y Risaralda, en su orden. En el Tolima, el porcentaje de mujeres es del 50.4, inferior al nacional de 51.2 por ciento.

Este tema suscita muchas reflexiones, una de ellas la formación educativa que debe convertirse en un reto a tener en cuenta: educar a la mujer, porque debe ser una prioridad, cada vez que se esté llevando a cabo el proceso de matrícula en los diferentes niveles educativos. Debe darse una discriminación positiva, por la deuda histórica y las ventajas que esto conlleva.

Si hay disputa de cupos de matrícula, las mujeres deben ser objeto de discriminación positiva, por encima de la demanda de matrícula que se haga. En la dotación de unidades sanitarias, debe haber tratamiento preferencial para las mujeres y buscar estrategias viables para facilitar el acceso y la permanencia de ellas en las aulas.

La educación para la mujer, siempre será un aporte para la sociedad, el Estado y la familia. Al respecto hay resultados de investigaciones y juicios dados por expertos que establecen las razones por las cuales se debe priorizar la oferta educativa para la mujer.

Hace 25 años, el economista venezolano José Luis Cordeiro Mateo, escribió “El desafío Latinoamericano y sus cinco grandes retos”, un libro de 320 páginas que hace prescripciones futuristas en torno a educación, sociedad, economía, política y ecología, aún vigentes.

Cordeiro precisa que “Estudios internacionales han demostrado que en general la tasa de retorno para las mujeres es más alta que para los hombres… El impacto de la educación femenina se ve directamente en el mejor nivel de vida de las mujeres educadas… son las madres más educadas las que tienen hijos más sanos y mejor alimentados, además de que son ellas las que terminan defendiendo la familia en el caso de hogares sin padre”, dice.

En Colombia, según el censo del 2018, las mujeres jefes de hogar son el 40.7, siendo que en el censo del 2005 eran el 29.9 por ciento.

Pero hay un informe más reciente del Banco Mundial (marzo de 2019) que concluye sobre este mismo asunto: Los beneficios sociales de la escolarización de las mujeres son significativos también en los países en desarrollo… Un año de escolarización para las niñas reduce la mortalidad infantil en un 5 a 10 por ciento. Los hijos de madres con cinco años de educación primaria tienen un 40 por ciento más de probabilidad de vivir más allá de sus cinco años de edad”, entre otros muchos beneficios.

Comentarios