Aprenda a decir ‘No’ a sus hijos

Aunque muchas veces los padres piensen que cumplir todas las exigencias de sus hijos es un deber y una obligación, la verdad es que pueden estar cometiendo un grave error.

*Felipe fue un niño muy deseado por sus padres. La imposibilidad de su madre, *Patricia, por años de tener hijos, hizo que cuando nació se convirtiera en el centro absoluto de su familia.

A Felipe nunca le falta nada gracias al esfuerzo de sus padres quienes trabajan todos los días de la semana, sin descansar ni los domingos, para tener el dinero suficiente para cubrir las necesidades, los gustos y ahora, cada capricho de Felipe.

Desde que era un bebé siempre tuvo la mejor ropa, los mejores juguetes, incluso, algunos importados exclusivamente para él. En Navidad todavía es quien recibe el mejor de los regalos entre todos sus primos, él mismo exige los regalos más costosos y pobre de sus padres si no le cumplen sus exigencias.

Ahora, Felipe tiene 11 años y en su casa se hace lo que él diga y pida pese a que muchas veces sus exigencias vayan en contra de su propio bienestar.

A su corta edad, el niño sufre de obesidad y sus padres justifican su sobre peso argumentando que Felipe es ansioso y por eso come todo el tiempo.

Sin embargo, Patricia y su esposo no son capaces de decirle “No” a Felipe cada vez que se antoja de alguna comida rápida, pues es lo que más le gusta. Se la compran aún sabiendo que esto va en detrimento de la salud de su hijo.

De acuerdo con la sicóloga Sofía Gil Guerrero, “muchos padres se resisten a decir “No” a sus hijos y continuamente complacen sus necesidades y deseos con la finalidad de proporcionarles todo lo que de ellos dependa para que sean niños felices y satisfechos. A priori esto puede parecer positivo, sin embargo, no lo es. Satisfacer todas las exigencias de nuestros hijos puede ocasionar que los niños se conviertan en auténticos tiranos”, dijo la experta.

Decir “No” a los hijos es muy beneficioso para ellos, les ayuda a sentirse mucho más felices y seguros. Aunque resulte difícil de creer, un niño con límites claros y bien definidos es mucho más feliz que un niño que no sabe a qué atenerse y tiraniza a sus familiares para conseguir aquello que quiere.

 

Cómo aprender a decir “NO” a los hijos

 - Tener claro el objetivo: Cada vez que decimos a nuestro hijo o hija “No” es porque consideramos que es lo mejor para ellos. Si tenemos claro que nuestro único objetivo es ayudarles, aunque a corto plazo no lo parezca, nos resultará más fácil decir “No”.

- Ser firmes: No debemos tener miedo a la confrontación con el niño. Tenemos que tener en cuenta que cuando el niño llora o muestra un comportamiento inadecuado sólo está probando hasta dónde puede llegar. Es importante no alterarnos emocionalmente ni ceder y simplemente mostrar indiferencia ante tales conductas, pronto el niño por sí solo comenzará a tranquilizarse.

- Mantener la calma: Es importante decirle al niño “No” con firmeza y seguridad pero en ningún caso gritando o mostrándonos alterados, tenemos que permanecer calmados y con serenidad. Si el niño percibe lo contrario aprenderá que tiene el poder necesario para poner nerviosos a su padres y finalmente salirse con la suya.

- Práctica: Aprender a decir “No” es una habilidad y como cualquier otra habilidad debemos practicar para que cada vez podamos hacerlo mejor. Cuando empezamos a conducir lo normal es que al principio no lo hagamos muy bien y con la práctica continuada terminemos siendo unos hábiles conductores. Pues, con esto sucede igual, debemos entrenarnos y practicar de manera continuada el decirle a nuestros hijos “No”, siempre y cuando sea necesario, y poco a poco conseguiremos ser cada vez más hábiles.

 

La voz del experto

 Raúl Gómez, sicólogo

Educar es una de las tareas más difíciles a las que nos enfrentamos los padres. Y, aunque no existen fórmulas mágicas, sí hay algunas cuestiones clave que tenemos que manejar.

1 Un ejemplo vale más que mil sermones:

Desde muy pequeños los niños tienden a imitar todas nuestras conductas, buenas y malas. Por eso podemos aprovechar las costumbres cotidianas, como saludar, comportarnos en la mesa, respetar las normas al conducir, para que adquieran hábitos correctos y, poco a poco, tomen responsabilidades. De nada sirve sermonearle siempre con la misma historia si sus padres no hacen lo que le piden.

2 Comunicación, diálogo, comprensión:

Las palabras, los gestos, las miradas y las expresiones que utilizamos nos sirven para conocernos mejor y expresar todo aquello que sentimos. Por eso, incluso durante el embarazo, hay que hablar al bebé. Debemos continuar siempre con la comunicación. Hablarle mucho, sin prisas, contarle cuentos y también dejar que él sea quien nos los cuente. ¿Ha probado a hacerle una pregunta que empiece con «Qué piensas tú sobre...»? Así le demostramos que nos interesa su opinión y él se sentirá querido y escuchado.

3 Límites y disciplina, sin amenazas:

Hay que enseñarle a separar los sentimientos de la acción. Las normas deben ser claras y coherentes e ir acompañadas de explicaciones lógicas. Tienen que saber lo que ocurre si no hace lo que le pedimos. Por ejemplo, debemos dejarle claro que después de jugar tiene que recoger sus juguetes. Es importante que el niño -y también nosotros- comprenda que sus sentimientos no son el problema, pero sí las malas conductas. Y ante ellas siempre hay que fijar límites, porque hay zonas negociables y otras que no lo son. Si se niega a ir al colegio, tenemos que reconocerle lo molesto que es a veces madrugar y decirle que nosotros también lo hacemos.

4 Dejarle experimentar aunque se equivoque:

La mejor manera para que los niños exploren el mundo es permitirles que ellos mismos experimenten las cosas. Y si se equivocan, nosotros tenemos que estar ahí para cuidar de ellos física y emocionalmente, pero con límites. La sobreprotección a veces nos protege a los padres de ciertos miedos, pero no a nuestro hijo. Si cada vez que se cae o se da un golpe, por pequeño que sea, corremos alarmados a auxiliarle, estaremos animándole a la queja y acostumbrándole al consuelo continuo. Tenemos que dejarles correr riesgos.

5 No comparar ni descalificar:

Hay que eliminar frases como «aprende de tu hermano», «¿Cuándo vas a llegar a ser tan responsable como tu prima?». No conviene generalizar y debemos prescindir de expresiones como «siempre estás pegando a tu hermana» o «nunca haces caso». Seguro que hace muchas cosas bien, aunque últimamente se esté comportando mal. Cada niño es único, no todos actúan al mismo ritmo y de la misma manera. Frases como «tú puedes nadar igual de bien que tu hermano, inténtalo. Ya lo verás» transforman su malestar en una sonrisa y le animan a conseguir sus metas.

 

Dato

Los niños son muy hábiles emocionalmente, incluso en ocasiones más que los adultos, y saben perfectamente cómo deben comportarse para alterar emocionalmente a sus padres y finalmente conseguir aquello que tanto desean.

* Nombres cambiados

REDACCIÓN FAMILIA

Comentarios