¿Cómo va Ibagué en la atención de los habitantes de calle?

Crédito: Hélmer Parra / El Nuevo Día.En el Tolima, el Dane indicó que existen alrededor de 558 habitantes de calle según el último censo del 2021.
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Tras el paso de la pandemia, Ibagué sigue siendo foco de concentración de habitantes de calle. A lo largo de la ciudad, es frecuente encontrar a tales caminantes en diferentes circunstancias. Con la salida del decreto 1285 del 2022, la ciudad deberá aunar esfuerzos para reducir los índices de habitanza en calle.
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Los habitantes de calle, los ‘sin techo’, indigentes, caminantes o ‘personas sin domicilio fijo’, son parte de la ecología social ibaguereña en cada una de sus comunas. Con el paso de los años, esta población creció con celeridad, habitando sectores que van desde el centro de la ciudad hasta el último rincón de El Salado.

El asunto de la habitanza en la calle es un dilema que ha sido difícil de sortear por parte de las entidades gubernamentales debido a sus innumerables ‘pormenores’. Con la creciente inmigración de los últimos años, sumado a factores del conflicto armado, es común encontrar en Ibagué a varios habitantes de calle provenientes de otras partes de Latinoamérica.

Sumado al problema de no tener un hogar, estas personas también viven en carne propia los problemas de delincuencia común, microtráfico, violencia, hambruna y demás menesteres que el Estado atiende hasta donde puede.

Por otra parte, algunos espacios públicos han sido ‘tomados’ por los habitantes de calle para pernoctar. Sitios como la plaza de la 21 o el parque Andrés López de Galarza se han configurado, con el pasar de los años, como lugares ideales para hacer sus necesidades, habitar o dormir.

A su vez,  algunos ‘sin techo’ han adecuado sus hogares debajo de los puentes a lo largo y ancho de la ciudad. El pasado 18 de febrero, EL NUEVO DÍA recorrió varios de estos puntos y estableció diálogos con las personas que habitan bajo estas infraestructuras.

En la ciudad, hay varios puentes que son utilizados para tal menester, tales como el de la calle 42, cerca de la parroquia San Judas Tadeo en el barrio Santa Helena; los cruces de la carrera Quinta entre calles 77 y 80, y en la glorieta de la calle 91, sector conocido como Los Arroyuelos, donde ha proliferado la elaboración de ‘cambuches’ improvisados debajo de las estructuras viales.

En su momento, un caminante de calle que pernoctaba debajo de estas estructuras, apuntó que: “Desde hace veinte años que vivo como habitante de calle. En este sitio hace mucho frío. Por la mitad de este espacio pasa el agua de las alcantarillas, por lo que nos toca tener cobijas y colchones. Alguna vez me tocó salir del puente por una enfermedad en un pulmón por las ‘heladas’ y los malos olores”.

Y resaltó: “Es peligroso cuando llueve. Es importante estar pendiente de que uno no se vaya a caer ni que el agua lo arrastre. Los que están durmiendo en este puente se dedican a reciclar y cuidar carros. En la noche preparamos algo de comer con la ganancia del día. Cocinamos sobre todo ‘aguapanela’ y arroz. Llegué a la calle porque mi mamá murió y mi papá nos sacó a todos de la casa”.

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Revisión a las cifras en Ibagué

El Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane), emitió el Censo Habitantes de la Calle (CHC), actualmente vigente. En el informe, el Dane reportó que en la capital musical, 523 personas viven en situación de calle. De este cúmulo de personas, 485 son hombres (92,7 %) y 38 son mujeres (7,3 %).

Dentro del CHC, también se contemplan algunas categorías de análisis frente a situaciones específicas que han atravesado los habitantes de calle encuestados. Condiciones como problemas de salud, tiempo de habitanza en calle, atención de la Alcaldía, consumo de sustancias psicoactivas y acciones violentas contra su integridad; se consignan en el informe entre otras tantas.

En ámbitos de salud, de los habitantes de calle encuestados, 101 personas presentaron percances salud durante los últimos 30 días de la encuesta. De la cifra, 89 personas tienen entre 20 y 59 años, mientras que 18 de los encuestados son adultos mayores (60 años o más).

A su vez, los censados comentaron padecer problemas dentales (23 personas), siendo la ‘aflicción’ más acentuada. Los otros padecimientos que le siguen son los digestivos (15 personas), respiratorios (14 personas) y de salud mental (12 personas). Y para tratar las aflicciones médicas, de los 101 encuestados, 40 personas decidieron no hacer nada.

En relación con la habitanza en la calle, el CHC indicó que, de 505 personas que respondieron cuántos años han habitado la calle, 382 ‘sin techo’ llevan alrededor de cinco años o más. Le siguen en cifras las 33 personas que llevan entre 3 y 4 años.

Adicionalmente, dentro de los motivos por los cuáles los censados continúan habitando las calles, sobresalen el consumo de sustancias psicoactivas como primer indicador, seguido de los conflictos familiares y la influencia de otras personas.

Cabe señalar que la sustancia más consumida por los habitantes de calle es el basuco, seguido de la marihuana, el cigarrillo y el alcohol respectivamente. Sin embargo, es menester tener en cuenta que una persona puede consumir más de una sustancia.

Aunque las Alcaldías tienen un programa de atención a esta población en vulnerabilidad, para el caso de Ibagué, de 477 encuestados, 405 habitantes de calle aseguraron desconocer estos programas gubernamentales, cifra distante a las 72 personas que sí conocen estos espacios de atención.

En relación con su integridad, de los 477 censados, 163 personas manifestaron haber sido víctimas de una acción violenta. El CHC destaca que, respecto a tales sometimientos, 94 habitantes fueron golpeados, 25 recibieron disparos, 62 fueron víctimas de agresiones con arma blanca y 64 recibieron amenazas.

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Vivir a la intemperie

En los paisajes urbanos de Ibagué, es común encontrarse con habitantes de calle. Debido a las cercanías con puntos focales de pobreza y desamparo como el parque Andrés López de Galarza o las diferentes plazas de mercado que hay dentro de sus linderos, la zona céntrica de la ciudad es escenario de limosnas y trabajos por parte de estos ‘caminantes’.

En una esquina de la calle 10, Jesús Medina, de 47 años, esperaba sentado con dulces en la mano y rodeado de su familia: cinco niños (menores de 12 años) y su pareja de 38 años. Con los dientes revestidos de caries y varios faltantes, un coche de bebé, un morral con la bandera de Venezuela y una mirada cansina, Medina se ‘bandea’ el rebusque para poder alimentar a los suyos.

“En Colombia llevo casi 7 años. En esta ciudad estoy desde hace 8 días. Mis niños nacieron en Purificación, Tolima. No he tenido suerte de conseguir una casa que pueda pagar en arriendo porque, por tener cinco niños, no me la arriendan. Nos ha tocado dormir en la calle bastantes noches”, apuntó el caminante.

Con la venta de ‘colombinas’, Medina trata de reunir dinero para poder pagar un hospedaje que oscila entre los 15 a 20 mil pesos. “No he tenido suerte, aunque sea, de conseguir una finca para quedarme estable con mi familia y poder trabajar y para que ellos (los niños) puedan estudiar”, afirmó.

Proveniente de Venezuela, Medina aseguró que el día que pasó la frontera por las ‘trochas’ que conectan al pueblo venezolano de Ureña con Cúcuta, “se formó un tiroteo por los lados en el que fallecieron dos muchachas que llevaban unos sacos al hombro”.

“A mi pareja la conocí hace 15 años en Bucaramanga. Ella estuvo por Venezuela y juntos hicimos la travesía caminando. Para ese entonces no sabíamos que habían fundaciones y refugios. Cuando uno viene sin saber nada, uno lleva ‘del bulto’. Hoy en día conocemos comedores, Cruz Roja y fundaciones. Colombia nos recibió con los brazos abiertos”, contó Medina.

Y refirió sobre su situación de calle: “Si le digo mi verdad de corazón, la calle no se la deseo ni a mi peor enemigo. Yo no puedo dormir el día que nos toca a la intemperie. Me toca cuidar las maletas y a los niños. También hay mucho ‘chirrete’, como dicen acá, por lo que a veces me toca asustarlos con ‘peinilla’ para evitar que se metan con mi familia”.

Así pues, Medina señaló que, el día en que la gente no compra sus dulces, les toca ‘chupar’ hambre, tal como lo calificó en sus palabras. “Aquí en Ibagué en los comedores o en la plaza a veces nos brindan comida. El dinero no me da para comprar almuerzo todos los días por el pago de los hospedajes. Y en los días que definitivamente no hay, buscamos un ‘techito’ en donde hacernos”, narró el habitante de calle.

Y en referencia a sus hijos, el caminante contó que siempre los tiene a su lado. “Nunca los dejo andar solos, aunque no me gustaría tenerlos porque obviamente quisiera tener un trabajo para que ellos se queden con su mamá. Para nosotros es un sueño quedarnos en algún pueblo del Tolima, con trabajo digno y bienestar”.

La vida en Venezuela, según Medina, es incluso más dura que la misma calle colombiana. Por la crisis económica, no le quedó de otra que desplazarse fuera del país junto a su pareja.

“A veces lloro cuando veo a un ‘paisano’ mío consumiendo droga. Si venimos de ‘chupar’ tanta hambre en Venezuela, ¿para venirnos a drogar aquí? no entiendo qué se gana con eso, solo se acaba más la vida. Si supiera lo que es vivir en Venezuela, donde hay veces que solo se puede comer una vez a la semana”, criticó.

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Ordenanza del Gobierno Nacional

El pasado 22 de julio, el Gobierno Nacional emitió el decreto 1285 del 2022, en donde se estipulan acciones para el restablecimiento de derechos, la inclusión social, la prevención de la habitanza en la calle y las articulaciones interinstitucionales e intersectoriales para fortalecer la atención de los habitantes de calle.

Esta política surge después de haber sido ejecutada en planes pilotos en 12 municipios del país. Al ser una política intersectorial, las acciones medirán la capacidad de gestión y coordinación de las entidades gubernamentales locales y regionales para la prevención de la habitanza en calle y la atención integral a la población vulnerable.

Así pues, la ordenanza incluye acciones para cinco poblaciones que hacen parte de la habitanza en calle. Están las personas en riesgo de habitar calle, personas en calle, los niños, niñas y adolescentes con alta permanencia en calle o situación de vida en calle, y personas habitantes de la calle en general.

Por otra parte, la disposición política resaltó las principales problemáticas de las personas habitantes de la calle: “La carencia de un espacio digno de vivienda, exclusión social, estigma y discriminación, dificultades en la identificación, desconocimiento de sus derechos, baja participación, bajo acceso a la justicia, indefensión frente a la criminalidad, alta conflictividad en su interacción, problemas y trastornos mentales y consumos problemático de sustancias psicoactivas”.

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El caso de Camilo, ‘las galletas’ y el grupo de apoyo

El pasado 7 de noviembre del 2020, EL NUEVO DÍA notició la recuperación de Camilo Gutiérrez, un ‘caminante’ que fue de gran recordación durante su paso por las calles de la Universidad del Tolima. En su momento, Gutiérrez logró encauzar su vida a través de la fundación Rescatados por su Sangre, quienes por medio de la religión, logran dotar de sentido, en su perspectiva, la vida.

El colectivo de apoyo, aferrado a la autogestión de sus necesidades, continúa en operación en la Urbanización Montecarlo. En ella, a día de hoy, se halla fortalecido y recuperado Gutiérrez, acompañando diversos proyectos de la fundación para continuar con la tarea de involucrar a varios habitantes que necesitan un hogar.

“La fundación recibe al ‘loco’, al habitante de calle. Como se sabe, ellos llegan acá y hacen un proceso para salir de las drogas y las adicciones. Nosotros no recibimos ayudas del Estado, por lo que nos toca ‘rebuscar’ nuestros insumos en algunos sitios con la venta del maní y el ‘retaque’ en las plazas”, explicó Gutiérrez.

Y añadió: “Después de dos años, puedo decir que es sorprendente cómo han cambiado las cosas. Tengo mucha fe en el proceso porque aquí he encontrado una vocación. Es restaurar de adentro hacia afuera y tener la mente ocupada en algo, además de poder contribuir en otros procesos”.

Gutiérrez, junto a sus compañeros de la fundación, hicieron su primera tanda piloto de elaboración de galletas. Debido a una donación y algunas inversiones del grupo de apoyo, fue posible que los ‘rescatados’ pudieran iniciar un proyecto de fabricación de galletas. Un horno, una galletera, batidoras y bandejas son los utensilios garantes de este proceso.

“Estamos contentos de iniciar porque podremos involucrar a los rescatados que ya van adelantados en su ‘sanación’ y que tengan interés en aprender a elaborar galletas. Esta es una prueba piloto, pionera entre todas las otras fundaciones de Rescatados por su Sangre en el país”, añadió Gutiérrez.

Con la ayuda de Anderson, otro miembro de la fundación quien superó sus crisis tras tres años de ‘andanzas’, la receta de las galletas será impartida entre los miembros de la fundación una vez hayan terminado de adecuar el espacio de fabricación.

Según Gutiérrez, el trabajo articulará a los hombres y mujeres del grupo de apoyo en labores de horneado, preparación, mezcla y empaquetado de las galletas, productos que posteriormente serán distribuidos entre las otras fundaciones el país que tienen domicilio en ciudades como Tunja, Bogotá, Medellín, Popayán, entre otras locaciones.

Sin embargo, durante su primera producción, la máquina galletera tuvo “problemas técnicos”, por lo que los rescatados no dudaron en conseguir una manga de repostería para preparar el producto a como diera lugar. “Lo importante de estas actividades es tenerle fe a alguna cosa. Si no funcionó la galletera, es porque hay que creer y esforzarse para que las galletas salgan preparadas”, mencionó Gutiérrez.

Actualmente, el grupo de apoyo cuenta con alrededor de 50 habitantes de calle en recuperación dentro de su sede. Distantes del apoyo de la Administración municipal, los ‘rescatados’ continúan en la búsqueda de alternativas para comprender, en mayor dimensión, los retos de abandonar la calle.

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Acciones de la Administración

Debido a la reciente salida de Francy Liliana Salazar de la Secretaría de Desarrollo Social, EL NUEVO DÍA se comunicó con Eliana Rodríguez, directora de Grupos Vulnerables de la cartera.

Frente a las disposiciones del decreto 1285 de 2022, la directora apuntó que se observa con optimismo la ordenanza presidencial debido a que va a alineada con varias actividades estipuladas tanto en el Plan de Desarrollo de Ibagué Vibra como en las acciones que están proyectadas desde la dirección.

“El Plan de Desarrollo cuenta con cuatro metas específicamente dedicadas a los habitantes de calle. La primera meta se concentra en ejecutar una mesa de atención a la población vulnerable con un enfoque de resocialización y rehabilitación”, señaló Rodríguez.

Y añadió: “La segunda meta habla de la implementación de un Plan de Acción Integral para los habitantes. La tercera meta habla de desarrollar programas de sensibilización para la prevención del consumo de sustancias psicoactivas y, por último, tenemos la implementación de la política pública del habitante de calle”.

Con la ordenanza, la directora aseguró que el pasado 27 de julio se llevó a cabo una mesa interinstitucional en donde asistieron 35 organizaciones entre fundaciones, ONGs y grupos de trabajo que estuvieran interesados en participar del proceso, además de los actores que hacen parte formalmente de la mesa como la Policía, y las Secretarías de Salud, Cultura, Educación, entre otras carteras y entidades públicas.

Por último, respecto a las dificultades en la atención de la población vulnerable, la directora mencionó que  existen algunas dificultades con el acceso al sistema de salud para atender sus necesidades.

“El sistema de salud no es tan asequible en muchos casos. A veces no quieren atender a los habitantes de calle o les impiden la atención por estar bajo los efectos de sustancias psicoactivas. Con la Secretaría de Salud estamos tratando de implementar unas charlas de sensibilización para que entiendan cuál es el fondo de este proceso”, apostilló Rodríguez.

 

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JUAN MONTOYA PRADA.

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