José Vargas y sus mil botellas

JORGE CUÉLLAR – EL NUEVO DÍA
Este tolimense lleva dos décadas apreciando el carácter estético de los recipientes. Su habitación la convirtió en un minimuseo.

José Vargas Idárraga tiene 70 años de edad, y 20 de ellos dedicados a su mayor pasión: coleccionar objetos, especialmente botellas, de las que hoy suma mil.

Este gusto inició mientras vivía en Caracas. En el país vecino observó en la casa de un amigo un fraile en vidrio, que contenía whisky; su atracción fue tal que no dudó en pedir que se lo obsequiaran para guardarlo junto con sus demás pertenencias, unas 350 latas de cerveza de distintos países, 300 frascos de perfume y decenas de fotografías en las que aparece al lado de famosos.


“Siempre me había gustado guardar cosas, pero nunca se me había ocurrido botellas, hasta ese día”, refirió.


Con el fraile en sus manos, se despertó ese interés y, con él, su búsqueda de botellas se hizo interminable. Y es que las recaudadas durante las últimas dos décadas ya no caben en las repisas y mesas de su habitación, por lo que ha tenido que acomodar las restantes sobre el suelo.

    
Piezas
Desde que inició su colección, José Vargas ha preferido meterse con todos los diferentes tipos de botellas disponibles, porque todas las encuentra interesantes y le representan una afición inteligente.

“Tengo de todo tipo, en las que venían desde whisky, vino, vodka, brandy y ginebra hasta refrescos y gaseosas”, mencionó.


En su compilación hay de todos los tamaños, colores, texturas y formas, unas con más diseños que otras, pero todas, para él, tienen un mismo valor sentimental y logran complacer sus gustos personales.


Entre las más llamativas se destacan aquellas con figuras de animales y personas, que más que una botella parecen porcelanas.


Origen
Según contó don José, formar esta colección ha sido una prueba absoluta de lo que algunos consideran basura, pues muchas las ha encontrado “metiendo la mano donde no debía”, es decir en vertederos, en áticos o en la calle.
Igualmente, le han sido obsequiadas por amigos y familiares, sobre todo por su hermana Martha, quien reside en Nueva Jersey.

Junto con Martha, sus otras dos hermanas, Maggy y Fabiola, se han convertido en sus cómplices de esta pasión. Ellas viven en un conjunto residencial en Bogotá y cada vez que él las visita le colaboran para que pueda ingresar al depósito de reciclaje, donde encuentra “unas bellezas” que estaban a la espera de alguien que les pudiera apreciar su carácter estético.

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