Hepatitis C y B, infecciones del hígado que se puede prevenir

Los pacientes de la Hepatitis C en ge­neral son asintomáticos y con frecuencia se ente­ran de que ­poseen la enfermedad ­cuando donan sangre o se practican un chequeo médico que determina alteraciones en el hígado.

La hepatitis C es una infección producida por un virus que prefiere ubicarse entre las células del hígado. Este virus es tan eficiente que el sistema inmunológico de una persona no tiene posibilidades de combatirlo, en principio, porque no reconoce que las células están dañadas. Por ello, la afección se convierte en crónica en el 95 por ciento de los pacientes portadores.  

Al ubicarse entre las células del hígado, el virus produce una inflamación en ese órgano, lo que se conoce como hepatitis y por eso la enfermedad toma ese nombre.


En otros casos más graves del desarrollo de la enfermedad, la hepatitis se convierte en cirrosis del hígado: una cicatriz de todo el órgano que lo hace inútil, puesto que este órgano ya no puede ejecutar sus funciones.


Este tipo de hepatitis, la C, está estrechamente relacionada con el otro tipo también peligroso de esta enfermedad, la B.


La hepatitis B también es consecuencia de un virus, de una clase distinta a la C, aunque también se aloja entre las células del hígado. Sin embargo, en el caso de la hepatitis B, el organismo es capaz de eliminar las células dañadas y por esto es posible sobrevivir a la infección. Solo el cinco por ciento de los pacientes que la adquieren se complica por esta enfermedad.


En  ambos tipos de infecciones, lo importante es conocer cuáles son sus formas de contagio, que en el caso de la hepatitis C incluye las vías por transmisión sexual. Debe acudirse a tiempo al médico cuando se presenten los primeros síntomas, como vómitos y malestar general.

BELKYS P. ESTEBAN

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