Invertebrados marinos evolucionan para defender su espacio habitable

TOMADA DE INTERNET - EL NUEVO DÍA
Los mecanismos que determinan la capacidad de reconocer tejidos propios o extraños, entre colonias de invertebrados marinos, pueden estar evolutivamente relacionados con elementos inmunológicos de mamíferos.

Un modelo desarrollado por investigadores de la Universidad Nacional ayuda a comprender desde el punto de vista genético, cómo se da la competencia por espacio habitable en ecosistemas.

Los organismos coloniales marinos crecen en ecosistemas sujetos a una alta presión por espacio, el cual es indispensable para sus vidas, pues en él se determina qué tan rápido pueden crecer y llegar a la edad reproductiva.

Como estos espacios son limitados, hay mecanismos de competencia entre los organismos. Uno de ellos es el alorreconocimiento o histocompatibilidad, que se refiere a la capacidad que tienen para distinguir entre tejidos propios y extraños. Luis Fernando Cadavid, profesor del Departamento de Biología y del Instituto de Genética de la U.N., explica que para estudiar dicho fenómeno se empleó la Hydractinia symbiolongicarpus, un organismo cnidario colonial que crece sobre las conchas ocupadas por los cangrejos ermitaños. Cuando dos colonias crecen sobre la misma concha, pueden suceder dos situaciones: que se fusionen, formando una gran colonia quimérica (proveniente de dos organismos distintos); o que se rechacen, previniendo la fusión de los vasos que intercomunican los pólipos. Los pólipos son los constituyentes fundamentales de una colonia en un cnidario, sirven para alimentarla por medio de tentáculos o para la reproducción, pues albergan en sacos los huevos y el esperma. “En el estudio tratamos de identificar las moléculas involucradas en este fenómeno. Estas distinguen si las colonias que interactúan son cercanas desde el punto de vista genético o si son lejanas (organismos no relacionados)”, afirma. Se utilizaron dos organismos hermanos que se rechazan, a los que se les secuenció el genoma, de manera que se pudieran comparar sus genes y observar en cuáles de ellos hay diferencias en secuencia. Las diferencias indican que existen proteínas distintas que determinan si los individuos se van a fusionar o a rechazar.

El genoma de estos individuos se comparte en un 90%, pero en el 10 % restante está la explicación de por qué se rechazan. Para dar respuesta a esa incógnita se hizo un catálogo de todos los genes distintos entre los dos organismos. Con base en este, se identificaron receptores de membrana que pueden estar involucrados en el reconocimiento de la cercanía genética.

“Encontramos que hay genes localizados en una región llamada ‘complejo de alorreconocimiento’, compuesto por gran cantidad de genes similares a los receptores de células del sistema inmune de los mamíferos”, asegura el investigador.

AGENCIA UNAL

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