Cambio por la vida

Camilo González Pacheco

Serios y documentados historiadores y politólogos de talla universal, han sostenido que el noble siciliano Giuseppe Tomasi di Lampedusa, que escribió una sola novela: el Gatopardo, y que falleció por allá en el año 1957 del siglo pasado, fue el genial autor de célebres frases lapidarias, consideradas insignias del “gatopardismo”. Aquí van tres de ellas: “cambiar todo para que nada cambie”. La segunda: “que todo cambie para que todo siga igual”. Y la tercera, para finalizar: “si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”.
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Necesario entonces, -desde esos tiempos- que la palabra y a la vez el concepto  de “cambio”, expuesto de cuando en cuando por importantes líderes políticos y sociales, deba ser observado detenidamente bajo la lupa del momento histórico y coyuntural donde se presenta y se pronuncia. Y mucho más, desde el ejercicio del poder. 

En el actual debate electoral por la Presidencia de la República, Gustavo Petro ha acuñado como consigna una buena y armoniosa frase: “Cambio por la vida”. Repiquetea y regresa esa antigua palabra lapidaria de “cambio”, que en nuestra realidad política se orienta a impulsar –valga la repetición -  necesarios y urgentes cambios económicos y sociales en la nación. 

Históricamente, en otros no muy  cercanos tiempos y lejanas latitudes - en España por ejemplo  en 1982 - el PSOE ganó las elecciones españolas con el lema “por el cambio”. Buen precedente. Para nosotros puede ser poético asumir la consigna referida. Al fin y al cabo, ya el bardo Julio Flórez, desde hace mucho tiempo, nos anunciaba que a nosotros todo nos llega tarde… hasta la muerte. Y en este caso, hasta los versos, poemas, frases y consignas. 

Lo que sí es evidente en esta coyuntura histórica y electoral, es que Petro de por sí, expresa el cambio. Con énfasis en lo político. Si Petro gana, el cambio empieza ya. Para empezar, la Vicepresidenta constituye un indiscutible hecho político de cambio, de consolidación de nuevos liderazgos políticos y sociales aplazados históricamente.  

En otras palabras, el desplazamiento democrático de los antiguos partidos y líderes del bipartidismo tradicional, por nuevas opciones alternativas. Los gobernantes tradicionales pueden perder el próximo domingo el poder que han ostentado por décadas. A muy buena hora. En especial, los terratenientes asociados y en llave con el sector financiero, en el propósito de perpetuarse en el poder.  

Lo anterior, constituye base fundamental para depositar consciente y responsablemente el domingo, el voto por el cambio en la elección del próximo Presidente de la República. Precisando claro está, que el voto es secreto. Lo anterior, para despejar todo tipo de oscuras dudas. Así de claro.  


 

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Camilo A. González Pacheco

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