Turismo psicoactivo o experiencia trascendental (2)

Federico Cárdenas Jiménez

federic.cj@gmail.com

Hay una estrecha relación entre las sustancias psicoactivas (SPA) y el mundo psíquico; no se trata de experimentar un mareo o una traba y coger las drogas como un juego, se trata de una vivencia trascendental para la persona. Sí es cierto que las sustancias abren el mundo de lo psíquico, conectan o integran a la persona con su psique, algo de mucha importancia si se tiene en cuenta que actuamos bajo unos condicionantes desconocidos pues están dentro de nosotros desde antes de nacer, pero muchas veces también la persona no sabe cómo significar ni interpretar la experiencia porque no está preparada para ello, ni es consciente de la necesaria preparación para ello de lo que se infiere la poca o ninguna conciencia de su búsqueda, por lo que todo termina siendo un simple turismo psicoactivo.

La ayahuasca por ejemplo es una posibilidad que conduce a procesos de integración espiritual, corporal y psíquica, abre las puertas del inconsciente pero no las llena de contenidos específicos porque eso le corresponde a la persona; la pregunta es ¿está preparada esa persona para ello? ¿Es consciente de la necesidad de una preparación alimenticia, anímica, mental, espiritual? ¿Tiene la persona un objetivo de entrada?, es decir, ¿si toma ayahuasca es con el propósito de algo: buscar algo, encontrar algo, explorar algo, descifrar algo, sanar algo?

¿Cualquier persona puede tomar la ayahuasca? En teoría sí, siempre y cuando tenga una preparación anterior a la toma; pero es el chamán quien determina las condiciones de la persona y la cantidad que puede tomar pudiendo incluso negarse a darla a quien no considere que está en óptimas condiciones. El chamán es la guía en este proceso y debe estar avalado por su comunidad para orientarlo; pero en la ciudad no siempre ocurre esto: a las famosas “tomas de yagé” en casas, fincas, bares y otros espacios, asiste toda clase de personas y son orientadas –y en muchos casos denunciadas por esta razón- por supuestos taitas que cobran una cuota a los asistentes y les dan de beber un yagé ya preparado y envasado; incluso, les venden botellas con el bebedizo para que lleven a sus casas… algo completamente salido del ritual y del sentido profundo y espiritual que implica la toma de yagé. Así mismo los hongos y el San Pedro: su toma debe ser algo completamente ritual y envuelta por un hálito sagrado.

Los indígenas han tomado estas sustancias a través de toda su historia. Con la globalización, su uso se ha expandido más allá de sus fronteras tribales y cada vez más el mundo occidental hace uso de ellas para efectos terapéuticos, de sanación y últimamente recreativos. Es notoria la expansión internacional del uso de la ayahuasca. Religiones como el Santo Daime y la União do Vegetal (UDV) en Brasil, han incorporado el uso ritual de la ayahuasca en sus ceremonias y se han multiplicado en Europa, América e incluso Asia, lo que indica un creciente interés de las personas por el uso de esta sustancia y a la vez, un creciente número de indígenas y neochamanes que moderan sesiones de toma de yagé en lo que se ha denominado un turismo psicoactivo, también echochamanismo, tecnochamanismo, etc.

Como Ayahuasca se conoce a la decocción del tallo de la liana Banisteriopsis Caapi, a la cual, dependiendo de quien la prepare, se le agregan otras plantas, más comúnmente Psychotria Viridis; sin embargo, genéricamente se conoce este bebedizo como Ayahuasca (término Quechua) que en el Putumayo se diferencia como Yagé, en Ecuador como Shuar y con otros nombres según la región en donde se prepare y su tradición ancestral.

Sí es cierto que las sustancias abren el mundo de lo psíquico, conectan o integran a la persona con su psique. Diversos estudios han comprobado que la Ayahuasca induce un estado alterado de conciencia en el que se observan cambios en la percepción, en la emoción y en el proceso del pensamiento. Tema que seguiremos desarrollando en la próxima entrega.

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