A defender Galilea

Héctor Manuel Galeano Arbeláez

Utilizó todos los medios para lograr poder y con este llenarse de plata de diferente origen. Le encantaban la tierra, los carros, los caballos de paso, regalar dinero al predicador de turno, tumbar monte con candela y frecuentar edificaciones con bombillo rojo en la puerta.

Su ingenio lo llevó a diversificar e innovar en sus actividades. Cambió el café por marihuana e introdujo la siembra de la amapola al diez por una. Diez hectáreas sembradas para el patrón, que solo ponía la tierra y la mitad para la desmontada y una para el sembrador y cuidador del cultivo que pagaba la rayada.

Con la primera cosecha sacó para construir una discoteca en mármol para el caserío de unas 200 personas, le dio un carro nuevo al comandante del puesto de Policía y una moto a cada agente. Tres campanas para la iglesia, que resultaron tan grandes que le tocó mandar construir un campanario que quedó más grande que la torre, pero con espacio para el carro que le regaló al cura.

Era el patrón del pueblo, la primera autoridad, padrino de bautizos y matrimonios y el que decidía quien podía irse de la región después de escriturarle sus bienes por un auxilio para salvar su vida. Después abrió negocios en varias ciudades para mostrar su poder, codearse con los duros del poder a los que les aportaba millonadas para sus campañas, ya por debajo de la ruana por lo de las investigaciones en marcha.

Compa, le dijo un viejo amigo, ¿para qué le mete tanta plata a la política?, pues porque me da poder y ¿para qué? Es lo único que asegura impunidad!!! Abra el ojo para que no muera como un pendejo sin entender cómo funciona esta vaina. ¿Se acuerda cuando nos reclutaron para el Batallón San Antonio? Nos pagaban un jornal, nos mandaban a matar contrarios, a robar ganado y a sacar dueños de finca. Los patrones se llenaron de plata, se volvieron importantes en política y ninguno enjuiciado. Quedaron honorables y a nosotros nos tocó perdernos. Pero yo sí aprendí la lección y espere un tiempo para que vea a donde voy a llegar. Claro que cuidando la nalga y desapareciendo las piedras del camino.

Ahora sí entiendo por qué hablan de revolución. Con razón el juez se llenó de ganado, los jefes de los partidos se unieron para quitarnos todo y siguen en lo mismo. Cualquier analfabestia se lanza para el congreso y a los cargos públicos llegan muchos recomendados que firman a ruego y roban a cuatro manos, así sean mancos. Al empresario que por equivocación condenan por robar bienes del Estado, lo premian dándoles más contratos para que sigan robando en compañía. Por esto los títulos universitarios chimbos, que ya llaman Peñalozas, se presentan con orgullo porque el ser deshonesto en lugar de recibir, por lo menos, una sanción moral recibe honores, algo que todavía se ve en algunas universidades y solo significan sobresueldos.

Ni para que joder con los tolimenses que nos avergüenzan como Saludcoop Montealegre y los magistrados Tarquino y Bustos que cambiaron la Constitución y los códigos por petates. El paquete Peñalosa ahora cree que la Reserva Van Der Hammen vale menos que sus títulos de especialización en el exterior. ¿Se acordarán algunos de la planta de gas que un bandolero puso a funcionar en Ibagué?

¿Qué pasó con las parcelaciones del Incora en Ambalema? ¿Quienes se han beneficiado con el Triángulo del Tolima? ¿Quiénes responden por la privatización del río Magdalena? ¿Quiénes han robado con la restauración de sitios históricos de Ambalema? Los juegos atléticos nacionales solo sirvieron para desnudar una plaga politiquera y una carencia de dirigentes con vocación de servicio, con sentido de pertenencia, con fortaleza ética y fundamentos intelectuales.

Faltaba que al Tolima llegara la plaga extractivista a imponer su ley. En Ortega han vuelto chicuca los campos, robaron tierra de indígenas y siguen con el cuento. En Purificación acabaron con varias quebradas y quieren acabar hasta con el cementerio. Anglogold creyó que Cajamarca era de su propiedad y sus habitantes sus vasallos. Esto muestra que han faltado autoridades que defiendan los intereses de los tolimenses.

Para ponerle la tapa al congolo, están llegando las petroleras y destructores del medio ambiente, a volver a joder con la Reserva Galilea, que tiene un extensión de treinta y tres mil hectáreas de bosques y fuentes de agua, con una riqueza inmensa en fauna, que favorece varios municipios del Tolima y otros departamentos. La reserva Galilea hoy está amenazada. Se quieren meter las petroleras, ladrones de tierras y otras plagas.

Galilea es un ecosistema por el que tenemos que luchar con todas nuestras fuerzas. Es el futuro de nuestros hijos y nietos lo que está en juego. Y no es la primera vez que los poderosos ponen sus ojos sobre esta reserva. Los primeros que utilizaron el poder político para aprovechar lo que entonces llamaban “el baldío” fueron Álvaro y Enrique Gómez Hurtado, quienes llegaron con agrimensores a medir lo que luego se volvería de su propiedad (Ver: Antonio Melo. “Un largo trasegar en la tortuosa búsqueda de la paz”). Villarrica y sus alrededores fueron bombardeados por Gurropin y la reserva fue refugio y camino de perseguidos.

Un grupo de dirigentes cívicos de Villarrica, Icononzo, Dolores y Cunday han asumido la defensa de Galilea. Afortunadamente han contado con la asesoría, a nombre propio, de tres investigadores de la UT, Boris Villanueva, Mario Vera y Miguel Espinosa, científicos que deben ser escuchados para conocer las verdaderas amenazas sobre el medio ambiente en el Tolima.

La invitación es a respaldar la defensa de la Reserva de Galilea y no dejarla contaminar con vividores del cuento, de esos que nos hace recordar al jisofolo que hablaba de las alianzas peligrosas: Ignorancia y poder, Soberbia y dinero y Tos y diarrea.

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