Disparos al aire: Entre el oro y la boñiga

Un reciente informe de PNUD asegura que uno de tres colombianos es campesino y el 75 por ciento de los municipios es rural. Vale la pena entonces, traer dichas cifras a nuestro entorno regional y preguntarnos:

¿De cada tres tolimenses, cuántos son campesinos? Y del total de los municipios del Departamento del Tolima, ¿cuántos son rurales? Al igual que en el análisis socio económico nacional ya citado, dichas respuestas nos pueden orientar en conocer el impacto real del sector rural sobre la economía regional, y obvio, sobre propuestas serias de desarrollo integral para le región.

Y, más aún, cuando varios sectores de la sociedad tolimense han planteado el falso dilema del desarrollo regional a partir de privilegiar la minería sobre las actividades agrícolas, en un planteamiento igual al que se ventila nacionalmente, sobre el uso del suelo. Es decir, pasar serenamente de la condición de terratenientes a inversionistas en minería. Pero, allá en lo alto, en la cúspide social, bien alejados del pueblo.

A nivel nacional, el debate gira alrededor de la primacía de la minería (5.8 millones de hectáreas) sobre las dedicadas al agro (4.9 millones de hectáreas), aunque algunos conocedores del asunto –como el exministro Rodado- sostienen que la verdadera competencia para la agricultura, es la ganadería extensiva y no la minería.

De todas maneras, lo que ha quedado históricamente claro hasta hoy, es que ni la ganadería extensiva (que no genera empleo, riqueza social, ni tributos) ni tampoco la minería (que destruye fuentes de agua y suelos) han sido motores de desarrollo integral para la nación, y menos para el Tolima.

Sin embargo, lo evidente, es que la clase dirigente regional, al igual que la nacional, parten de una concepción más que de desarrollo, de crecimiento económico, alejada de considerar dentro de sus variantes impulsoras –esa sí de desarrollo integral – el factor humano (el campesinado) y el problema de la democratización de la tenencia de la tierra, para no hablar de la riqueza.

Por ello, en el Tolima, aún –¡quien lo creyera! – varias importantes personalidades se encuentran deshojando margaritas para tomar la decisión de irse por la minería o continuar con la fracasada opción de desarrollo sustentada en el arroz, algodón y ganadería extensiva, donde para nada juegan con papel decisorio en gran explotación cultivos transitorios como maíz, frijol, hortalizas y frutales.

No existe un modelo de desarrollo regional que integre al Tolima. O sea, continúan –algunos líderes tolimenses-  pensando equivocadamente que el desarrollo integral del Tolima, está en definir entre el oro y la boñiga. ¡Válgame Dios!

Credito
CAMILO A. GONZÁLEZ PACHECO

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