Hijos de Putin

No me refiero a Katerina, Mariya Putina ni a los hijos que le atribuyen con la gimnasta Alina Kabáyeva. Hablo de sus legatarios políticos. Esa creciente ola de gobiernos populistas de derecha que anulan las garantías de la oposición, para perpetuarse en el control del Estado. Detestan la alternancia de los partidos, así como el disenso y los contrapesos previstos en la constitución. Entramos en una era de capitalismo totalitario.
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Una contradicción, pues fueron las bases filosóficas liberales las que vencieron tanto al despotismo del Antiguo Régimen (monarquías), como al absolutismo comunista. Francis Fukuyama lo interpretó así: “la Historia, como lucha de ideologías, ha terminado, con un mundo final basado en una democracia liberal que se ha impuesto tras el fin de la Guerra Fría… las ideologías ya no son necesarias y han sido sustituidas por la economía”. Incompleta conclusión. Un análisis dialéctico hubiera advertido que toda victoria (síntesis) lleva consigo el germen de su propia destrucción (antítesis). No parecía imposible percatarse que, sin contradictores, el sistema de acumulación suprimiría el paliativo redistribuidor derivando en una irresistible e indisputada codicia. 

La amenaza no se cierne sobre el capitalismo sino sobre la democracia. Sin pluralismo la política es un emprendimiento de grandes ligas. Vacíos de ideología, los partidos compiten por atraer grupos económicos que les ayuden a usufructuar el poder. Clanes surgidos para montar emporios que accedan a los mercados en condiciones ventajosas, producto de adjudicaciones, concesiones y fallos judiciales.    

Las instituciones arriesgan volverse una vil mascarada. “La corrupción no es solamente un delito, es un sistema de poder alternativo al sistema democrático…” dijo Leoluca Orlando, ex alcalde de Palermo (Bogotá, año 2009). Explicó que ya no se trata de casos aislados, sino de clanes mafiosos que se apropian de la política. Los funcionarios no atienden el interés público. El 20 % o 30 % es para la organización que proveyó los puestos. De ahí para abajo se va esquilmando el contrato en todas las instancias. Así el sobreprecio pactado hubiera alcanzado para construirla dos veces, al contratista le parece conveniente dejar la obra a medias, pues la feria de las adiciones puede llegar al 300 % o 400 % del costo real. Pero ni aún así terminan las obras. 

Los organismos de control son poco eficaces con sus consabidas “investigaciones exhaustivas”.  Un ejemplo: el 17 de junio 2020 Procuraduría, Contraloría y Fiscalía anunciaron la apertura de 813 procesos disciplinarios, fiscales y penales, por cuenta de los contratos de la pandemia. Solo Chocó (llevado a juicio) y Arauca (suspendido seis meses) fueron objeto de alguna medida. No obstante, acaban de sacar de la contienda electoral al precandidato Sergio Fajardo, segundo en las intenciones de voto a la Presidencia de la República.

Los colombianos necesitamos asistir a un verdadero debate de ideas. Una campaña electoral con garantías, donde los aspirantes puedan exponer diversas soluciones a los problemas que nos agobian. La estrategia no puede ser eliminar competidores de tajo, aceitar las maquinarias y polarizar a la opinión, explotando sus miedos. 

De lo contrario, pronto seremos como Venezuela, Nicaragua o Brasil: hijos putativos del inefable Putin. 

 

GUILLERMO HINESTROSA

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