Cuando la Justicia es tartamuda

El pasado 5 de agosto la Corte Constitucional le amparó al Nuevo Liberalismo su derecho fundamental a reconstituirse como partido político. El máximo tribunal dejó sin efectos la sentencia de la Sala Quinta del Consejo de Estado, que confirmó la negativa del Consejo Nacional Electoral a devolverle la personería jurídica. El fallo está contenido en la sentencia SU-257/21 que ordenó concederla de nuevo.
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Dos meses después el resucitado Nuevo Liberalismo sigue detenido en un incomprensible limbo burocrático. Una situación inaudita. Las tutelas amparan derechos fundamentales y sus fallos producen efectos inmediatos. 

Las versiones sobre la morosidad en dar a conocer el texto de la sentencia son variadas. El presidente de la Corporación, magistrado Antonio Lizarazo, declaró el 4 de octubre a la revista Semana: “Es un tema difícil. Me explico: por ejemplo, en esas sentencias llega el ponente, presenta a los compañeros sometiéndose a consideración. Otros despachos estudian y presentan modificaciones en sentido opuesto al del ponente.

Pero luego, para recoger la firma tiene que elaborar la ponencia a veces en sentido contrario al que llevaba y eso se toma un tiempo grande, y, adicionalmente, no obstante que la pandemia ha facilitado cosas, pero la recolección de firmas virtual es complejo (sic) porque cada magistrado estudia lo que va a firmar”. 

Una justificación desacertada con la retórica de James Rodríguez. La ponencia de Jorge Enrique Ibáñez fue aprobada, en sala plena, por unanimidad; todos los argumentos de constitucionalidad están inmersos en el Comunicado 29, de agosto 5, que además hizo pública la parte resolutiva de la providencia. Mientras el fallo del Nuevo Liberalismo lleva 67 días entre el tintero, Colombia Humana, el partido de Petro, fue reconocido el 17 de septiembre y notificado 25 días después al Consejo Electoral. Son de dominio público las intrigas del expresidente Gaviria, primero, para que no le restablecieran la personería jurídica y ahora, para que le prohíban llevar el término “Liberalismo”. 

La pretensión se basaría en el punto Quinto del comunicado, que reza: “Una vez sea reconocida la personería jurídica del Partido Nuevo Liberalismo, el nombre y el símbolo registrados en el Consejo Nacional Electoral en 1986, deberá adecuarse a las reglas previstas en el artículo 5 de la Ley Estatutaria 130 de 1994”. Dicha norma expresa: “La denominación de un partido o movimiento deberá distinguirse claramente de la de cualquier otro ya existente”. 

Para deslindar Colombia Humana de la Unión Patriótica (partidos que voluntariamente se unieron hace tres años), la Corte Constitucional acaba de prescribir: “Excepcionalmente y, de forma transitoria, para el caso de las elecciones a la Cámara de Representantes y al Senado de la República de marzo de 2022, en el caso de la personería jurídica que deberá ser reconocida por el CNE, esta autoridad deberá inscribir temporalmente los nombres y símbolos originales de Colombia Humana”.

Deberían aplicar el mismo régimen de transición al Nuevo Liberalismo. Partido que en el pasado confrontó, electoralmente, a las maquinarias lopistas y turbayistas, sin que los electores deseosos de un cambio en la manera de hacer política tuvieran confusión alguna con el viejo y decadente partido. Cesar Gaviria debería recordar que tampoco la tuvieron las facciones que se aliaron con el narcotráfico para exterminar a los renovadores. 

 

GUILLERMO HINESTROSA

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