¡Viva la paz…!

Guillermo Hinestrosa

“Así trinaba alegremente un colibrí… Y el pobre pajarillo trinaba tan feliz sobre el anillo feroz, de una culebra mapaná”. Traigo otra vez a cuento los manidos versos del ‘Tuerto’ López, porque retratan estupendamente el alma colombiana. Su incorregible candor con incontables manifestaciones, como ese par de preguntas a flor de labios de todos nuestros reporteros principiantes.
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Primera: “¿Señora, perdona usted a quienes lanzaron el cilindro bomba matando a su esposo, su hermano y su hija de cinco años?” La campesina, aún manchada con la sangre de los últimos abrazos, temerosa de que los asesinos vean el noticiero, responde: -- “Claro que los perdono. No tengo donde caerme muerta, pero no guardo resentimiento en mi corazón”. A continuación, el telepresentador resaltará la nobleza del sufrido pueblo colombiano. Si la viuda hubiera respondido: “Son unos bellacos, que el diablo se los lleve p’al infierno”. La nota hubiera concluido con algo de este tenor: “Desde la casa de doña Gertrudis Bocanegra, municipio La Mosca, vereda el Tarro, kilómetro 5,7, departamento del Putumayo, les habló Fulanito de Tal”.   

Segunda: indagarle a cada celebridad que nos visita si apoya el Proceso de Paz. Ya imaginarán la originalidad de los titulares y la infaltable entrevista con un comandante preso, quien ya perdonado por los huérfanos y envalentonado con el apoyo de la reina de Jordania dirá que no pierde las esperanzas, “aunque no por madrugar mucho amanece más temprano”.  

Leyendo sobre el tema me topé al psicólogo Iñaki Piñuel: “No existe ninguna buena razón para permitir que tu maltratador pueda recomenzar la tarea de destruirte”. Sociópatas y psicópatas jamás se arrepienten, pues disfrutan más causando dolor e infringiendo daños que consiguiendo sus fines delictivos. Perdonar a quienes porfían en sus crímenes es estimularlos a que los sigan cometiendo, porque saben que no hay límites y es obligación de la sociedad pasar por alto sus ofensas. 

La guerra contra el narcotráfico ha sido un fracaso, pero esto no legitima la inacción del Estado frente a mafias que lo ejercen en conjunto con la extorsión, el secuestro, el fleteo, la trata de personas, el saqueo del erario, la minería ilegal, ajustan cuentas con sus rivales y asesinan a los líderes sociales que se les oponen.  No puede haber contradicción entre el deber constitucional de conseguir la paz y el derecho de los ciudadanos a vivir en una sociedad segura. 

El mensaje que subyace en la propuesta de Paz Total es: si no pudiste vencer a tu enemigo convídalo a negociar, no importa que llegue armado y te ofrezca pactos para las elecciones regionales. Una renuncia a reprimir el delito, estimulando un diálogo desigual sin un marco normativo que valga. Así lo advirtió Humberto De la Calle, pero en Colombia no es políticamente correcto cuestionar dichos procesos. El que ose hacerlo será tildado de fascista; las “bodegas” oficiales lo acosarán en las redes sociales, la inteligencia lo perfilará y será acusado de ser un apologista del odio. 

“Nunca intentes ganar por la fuerza lo que puede ser ganado por la mentira”, fue el consejo que recibió la familia Médicis de Maquiavelo. Se parece un poco al ofrecimiento que estudian en las cárceles capos y capitos del hampa. Y es que, en tratándose de “paz”, la tradición es que el fin justifique los medios.

GUILLERMO HINESTROSA

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