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Paz total

El gobierno que saboteó la implementación del acuerdo de paz tiene las horas contadas.
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Atrás quedará su obstinación malsana de atravesar un palo en la rueda a través de maniobras y marrullas para hacer trizas un esfuerzo gestado durante cinco años en arduas negociaciones con la guerrilla más antigua de latinoamérica. La historia se encargará de mostrar el nefasto significado de la administración Duque en el propósito de lograr la reconciliación y la convivencia entre los colombianos.

El país entero se prepara para recibir un nuevo gobierno a partir del 7 de agosto. Gustavo Petro en campaña logró persuadir a más de 11 millones de colombianos que creyeron en su propuesta para hacerlo presidente. Uno de los aspectos escuchados en múltiples debates en la campaña fue su propuesta de una paz integral, que articulara no solamente la lucha contra las bandas multicrimen, la negociación con el Eln y especialmente el cumplimiento del estado en garantizar derechos económicos, sociales, ambientales, culturales y políticos. La paz como se ha repetido hasta la saciedad no solamente es el silencio de los fusiles, pero sin esta condición no la podríamos conseguir.

Ahora la agenda política tiene una interesante discusión: la paz total. La mayoría de actores armados ilegales han venido manifestándose de acuerdo sobre esta propuesta liderada especialmente por el senador Iván Cepeda quien ha venido esbozando algunos lineamientos de cómo podría ser e implementarse. Primero que todo se debe enfatizar que a diferencia del gobierno Duque y su partido el Centro Democrático, el nuevo inquilino de la casa de Nariño ha sido explícito en su interés de honrar la implementación del acuerdo de paz y avanzar en el tema de la negociación y el sometimiento a la justicia, según sea el caso, de los diferentes actores irregulares.

Segundo, hay temas complejos aún sin resolver que desde ya se vuelven el combustible de la crítica. Hay una gran incógnita de si las disidencias de las Farc reingresarían al acuerdo ya en marcha o se haría uno diferente para lograr su inclusión. También la discusión de cómo abordar la relación con los miembros de esta guerrilla que nunca participaron en el acuerdo y según se afirma están relacionados con el negocio del narcotráfico.

Tercero, el tema con el Eln. Esta agrupación expresa su interés de retomar la negociación política con el nuevo gobierno, pero siempre ha manifestado que un acuerdo con ellos no sería similar al acuerdo con las Farc, sino uno donde haya una clara participación de la sociedad civil. ¿La estrategia anunciada de diálogos regionales con amplia participación ciudadana en regiones donde este actor tiene ascendencia sería suficiente para garantizar el cumplimiento de esta condición?

Cuarto, un amplio número de grupos paramilitares y del narcotráfico se han manifestado dispuestos a una negociación donde se considere el tema de la cárcel y la extradición como condiciones para avanzar. El presidente Petro ha hablado de sometimiento a la justicia de estos grupos y no de negociación, además de señalar que el tratado de extradición es algo a discutir de una manera bilateral con el gobierno de los Estados Unidos. ¿Será esta consideración un insalvable para no lograr avanzar en el propósito de desactivar estos generadores de violencia?

La paz total es un propósito deseable y una apuesta política de gran calado. El nuevo canciller Álvaro Leyva Durán tiene todas las credenciales y la experticia para avanzar en este propósito. Existe un congreso mayoritario apoyando las reformas políticas y sociales que se requieren. Seguramente habrá una inmensa mayoría de ciudadanos colombianos dispuestos a apoyar esta iniciativa. Desde las regiones y por supuesto desde nuestro departamento del Tolima desde ya debemos aprestarnos a sumarnos a esta discusión y participar con entusiasmo para sacarla adelante y lograr mantener el espíritu de concordia que tanto se reclama. 

 

HUGO RINCÓN GONZÁLEZ

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