La salvación viene de Dios y es universal

°°° «“Tomó Jesús la palabra y habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: -«El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados, encargándoles que les dijeran: “Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto. Venid a la boda”. Los convidados no hicieron caso”. (Mateo 22, 1-14).
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La salvación es  Gracia de Dios, es don de Dios, es muestra del amor y la misericordia divina. La salvación tiene varias connotaciones: es universal, goza de la bondad divina, siempre está abierta a quien desee acogerla. El requisito esencial es la conversión. La caridad y la misericordia con las demás personas, es la carta de presentación de un creyente. Una persona convertida ya tiene el traje para entrar en el banquete del Reino. (cf. Mateo 22, 11 – 12). Sabe que la voluntad de Dios es: lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto. (cf. Romanos 12, 2)

Nadie puede afirmar categóricamente, quién se puede o no se debe salvar. El único autor de la salvación, se llama Dios; es quien propone las condiciones, presenta el ambiente y ofrece las oportunidades. Dios salvará a todo el que crea en Él. (cf. Juan 3, 16). Por ende, no nos salvamos solos, sino que nos viene la salvación gracias a Jesús de Nazareth. (cf. Efesios 2, 8-9).

Cuando alguien rechaza conscientemente la salvación, es porque toma una actitud contraria a la invitación del Dios de la vida y de la esperanza. Sencillamente no asiste al banquete de bodas. La vida va a encontrar sus tropiezos y sus limitaciones cuando se sale del cauce de la salvación, cuando entra en el imperio de quienes se creían los llamados y terminaron siendo los no escogidos. (cf. Mateo 22, 14).

No es suficiente con haber aceptado la invitación al Reino de Dios. Para entrar en el banquete del reino es necesario un estilo de vida que ponga en práctica las enseñanzas del Hijo de Dios. El Concilio Vaticano II, en nuestra Iglesia católica hablando del Reino de Dios, afirma que: este reino brilla ante los hombres en la Palabra, en las obras y en la presencia de Cristo. El reino se manifiesta en la persona misma de Cristo, Hijo de Dios e Hijo del hombre, quien vino «a servir y a dar su vida para la redención de muchos». (Marcos 10, 45). (Lumen Gentium, 5) Cuida tu salud: Amar a Dios, respetarse a sí mismo y amar a los demás, define la salvación.

PADRE JAIRO YATE RAMÍREZ

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