Un apóstol necesariamente es testigo del amor de Dios

“Estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba dice: Este es el cordero de Dios. Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta: ¿Qué buscáis? Ellos le contestaron: Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives? Él les dijo: Venid y lo veréis.” °°° (Juan 1, 35-42). ¿Quién es un apóstol? ¿Quién es un discípulo? ¿Quién es un misionero? ¿En dónde está el secreto, para que un apóstol se convierta en testigo del amor de Dios?
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La respuesta la tiene la Sagrada Escritura. El Evangelio es la Palabra por excelencia, que nos permite conocer el método y la pedagogía de Jesús de Nazareth, para elegir a sus discípulos, para indicarles su misión, para confiarles a ellos su propia Iglesia.  Un buen discípulo deja de funcionar, cuando hace su propia voluntad y no la de Dios; e incluso se convierte en un problema para aquellos que están viviendo su vida apostólica con el espíritu del Evangelio.

Quien se prepara para ser un buen discípulo entiende que No es el discípulo quien escoge a su Maestro, siempre es Jesús quien ha llamado al discípulo y lo ha invitado a seguirle (cf. Marcos 3, 13-19). Jesucristo es el que elige y llama (cf. Lucas 6, 12-13) La invitación de Jesús es personal “ven y sígueme” (Lucas 18, 22) La elección y llamada de Cristo pide oídos de discípulos (cf. Isaías 50, 4) A la elección y llamada de Jesucristo, el discípulo responde con toda su vida.  Se trata de una respuesta de amor a una llamada de amor El discípulo entra en comunión de vida y de misión con Jesucristo.  (cf. Juan 15, 1-17). Como Buen Pastor, Jesús precede a sus discípulos y los incorpora a su camino. Por lo tanto, la formación del discípulo debe tener como meta la identificación con Cristo: tener los mismos sentimientos que Él °°° (cf. Filipenses 2, 5). 

Ser apóstol de Dios en el mundo, no es cambiar las reglas de juego, sino convertirse en testigo del amor de Dios en el mundo. El santo Padre Francisco recomienda tres verbos dinámicos para un buen discípulo de Cristo en su proceso vocacional: Escuchar, discernir y vivir.  Escucha muy atento la voz de Dios; discierne lo que vas a hacer y hazlo bien; empieza a vivir tu vocación de una forma permanente y sin rezagarse.  En María santísima encontramos todas las características del discipulado: Escucha amorosa y atenta (cf. Lucas 1, 26-38) Obediencia sin límites. Fidelidad. Acompañamiento en la oración y unidad (cf. Hechos 1,14). Cuida tu salud.  El discípulo de Cristo está hecho, para amar, servir, perdonar, evangelizar.

 

PADRE JAIRO YATE RAMÍREZ

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