Quien se sana delante de Dios se convierte en un apóstol

“Se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: si quieres, puedes limpiarme. Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó, diciendo: Quiero, queda limpio. La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio.” (Marcos 1, 40-45). Desde el punto de vista de la psicología, (Augusto Cury), se puede entender que Jesucristo es el mayor laboratorio de autoestima para la humanidad °°° Por ende, vale la pena vivir la vida, aunque tengamos dificultades, aunque lloremos, aunque seamos derrotados, aunque algunas enfermedades nos provoquen vergüenza. Nunca hay que desistir en este caminar. Hay que caminar, aunque tengamos miedo de tropezar, si tropezamos no tengamos miedo de herir, y si herimos hay que tener el valor para corregir” Advierte el libro sagrado: “Vete y preséntate ante los sacerdotes” (Marcos 1, 44). °°° Jesucristo es el Maestro de la vida, de la salud, de la esperanza. °°° Donde el ser humano cree que todo se ha terminado, escucha la voz de su Señor que le dice: “Quiero, queda limpio”. (Marcos 1, 41).
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La sanación es una acción maravillosa y misericordiosa de la bondad de Dios. Su base es la fe, la vida y la conversión de cada persona. No se puede utilizar la sanación como un medio comercial de llamar la atención y ganar prestigio ante la comunidad. La gente se sana por el amor de Dios, y se convierte en apóstol de su Señor. El Hijo de Dios se ubica en consonancia con la ley de Moisés. Es respetuoso, sabe que está tratando con alguien que fue declarado impuro según la ley judía, (cf Levítico 13, 44). Al mismo tiempo supera el concepto de desprecio de la cultura del momento: toca al enfermo (cf. Marcos 1, 41), la ocasión del milagro tiene su razón de ser. Acogiendo y curando al leproso Jesús revela un nuevo rostro de Dios. Jesús no solamente cura, sino que además quiere que la persona curada pueda convivir de nuevo con los demás. Reintegra la persona a la sociedad.  

Una clave para la evangelización es el testimonio de aquel que se ha sanado y se ha convertido en apóstol de aquel que lo sanó. Dios sana porque tú crees en Él, en su poder y en su misericordia y porque comienzas una vida nueva que va a servir de ejemplo para los demás. El Papa emérito Benedicto XVI advertía en su Ángelus Regina Coeli: Jesús es el Siervo del Señor que “cargó con nuestros sufrimientos y soportó nuestros dolores” (Isaías 53, 4). En su pasión llegó a ser como un leproso, hecho impuro por nuestros pecados, separado de Dios: todo esto lo hizo por amor, para obtenernos la reconciliación, el perdón y la salvación. (15 febrero 2009). Cuida tu salud: La bondad de Dios, supera las negligencias de las leyes humanas.

 

PADRE JAIRO YATE RAMÍREZ

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