Nuestros miedos

El miedo colectivo y las ansias de no saber si esto va para largo o simplemente es una pesadilla de la que quisiéramos despertar.
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Nos muestra la incapacidad de sobrellevar una cuarentena, debido a la falta de conciencia social o la necesidad de sobrevivencia individual, pues esta pandemia, refleja la triste realidad entre resistir a ser contagiados, o contagiarse por la profunda precariedad de subsistir ante la hambruna, violencia y miseria que viven las sociedades marginadas.

Vivimos, momentos frágiles como sociedades, al saber que no estamos preparados para sobrellevar situaciones tan profundas que históricamente la humanidad ha resistido, ahora logramos entender el valor de la memoria, la mitología, el pasado y la experiencia cósmica de nuestros sabio/as. Cuando nos narraban la riqueza ancestral y el patrimonio sociocultural de los pueblos en sus territorios, sus valores y tradiciones en defensa de la vida, la tierra y el buen vivir en sus comunidades.

Pero no es la primera ni la última cuarentena, pandemia y exterminio sistémico que vivirá la humanidad, pues la historia universal de los vencedores nos ha mostrado diversos sucesos desde las diez plagas de Egipto narradas en la Biblia, la peste negra/bubónica, la viruela, la gripe española y el colonialismo y despojo que siguen existiendo y resistiendo nuestros pueblos indígenas en sus territorios. Sin embargo, nuestra endeble época que ha cimentado una sociedad basada en el individualismo, la competitividad, la envidia y la indiferencia sobre los males y necesidades de los otros, nos deja claro que tal vez por allí no es el camino adecuado para tomar acciones frente a la crisis civilizatoria.

Lo complejo que resulta entender, la profunda realidad de pánico, histeria y paranoia global que vive la humanidad, al no sobrellevar el pasajero o prolongado aislamiento por la vida, se ha convertido en una situación de golpes en el pecho para muchas personas, que no saben coexistir con la soledad, angustia e impotencia de no hallarse o sentirse vivos en medio del silencio, encierro y no convivencia más allá de sus casas. Ahora, toma sentido más que nunca la experiencia y sabiduría de nuestros taitas, que milenariamente nos enseñaron el valor de la vida, la paz, el amor y el respeto por la naturaleza y los territorios.

Resulta, sencillo decir que es un simple virus, el cual fue generado por intereses externos, profundos y criminales de los de arriba, ya sea por seguir perpetuando sus formas de control, explotación y dominación sobre los territorios, pueblos, movimientos y grupos populares que luchan por otros mundos posibles y necesarios más allá de la brutalidad de civilización colonizada, y sometida a un tipo de desarrollo extractivista, violento y criminal en estos tiempos.

Son los miedos que vive gran parte de la sociedad colombiana, la cual ha resistiendo a la pandemia de la violencia que ha tomado diversas formas de operar desde la corrupción en todos los niveles sociales, el control de las mafias sobre los bienes naturales de los territorios, el asesinato sistémico de los líderes sociales, el exterminio de nuestros pueblos indígenas, las masacres y fosas comunes en los pueblos condenados al olvido, el dolor de las madres por sus hijos víctimas/victimarios de la guerra, los feminicidios y los desaparecidos/víctimas del conflicto armado, sin desconocer los condenados al despojo de sus tierras por parte de los proyectos criminales de las élites en las regiones. Posiblemente, esta sea la peor plaga que seguimos viviendo, y no la del virus fecundado en una sopa de Wuhan – China, simplemente el tiempo nos lo dirá.

Ñapa: el despilfarro de mercados/kits alimenticios hace parte de toda la parafernalia de convenios, contratos y acuerdos sustentados en los sobrecostos, a favor de las familias tradicionales en las regiones. Definitivamente, nos queda claro que están haciendo “ochas y panochas”, tomando como excusa la terrible situación del COVID-19, mientras los ciudadanos de a pie, siguen siendo los más afectados ante las mafias y su poder politiquero.

JOSÉ JAVIER CAPERA FIGUEROA

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