Una celebración pesimista

libardo Vargas Celemin

Mi apreciada ciudad:
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Mañana, cuando irrumpan los sonidos de trompetas, flautas, violines y demás instrumentos para anunciar  que llegó el día del cumpleaños número 472, será muy difícil que la alegría se irradie por todos lados y que el vivir en la ciudad  de la música sea un orgullo que compartan “propios y extraños”, porque las calles engullen automotores; los cráteres emergen de las entrañas de la tierra;  y desuetos alcantarillados  dejan ver sus vientres destruidos por el paso de los años, sin que se haya  intervenido esa infraestructura para cambiar los materiales con que se construyeron en el pasado, que ya hacen parte de la prehistoria de la ingeniería.

Los gritos que recorren las calles no son los anuncios del carnaval, son miles de estudiantes exigiendo que terminen las obras de esos colegios modernos que les prometieron en cumpleaños anteriores. Esas obras hacen parte de la desidia oficial que se inventan para luego dejar obras inconclusas, porque los mordiscos de la corrupción deben aportar suficiente capital para el enriquecimiento ilícito de gobernantes, políticos y contratistas que dicen contribuir al desarrollo de la ciudad. Detrás de los estudiantes vienen los deportistas que siguen exigiendo la conclusión de las obras que debieron haberse terminado hace siete años.

No se pueden soslayar las voces de miles de habitantes de la Arboleda Campestre y muchas otras urbanizaciones timadas por estafadores. Ellos piden ¡agua, agua, agua…! y solo les dan la imagen en los recibos o los goterones del invierno. Mientras tanto por los tubos del Acueducto Alterno solo pasan rumores y con ellos la esperanza del líquido vital. Los responsables continúan libres porque la justicia no ha actuado para investigar estos abusos que sufren quienes han comprometido su escaso patrimonio en estas urbanizaciones.

Doloroso que esta ciudad con tantas posibilidades esté sumida en una abulia desesperante; tenga una carencia de líderes que actúen honradamente y, lo más importante, continúe la inacción de esa masa amorfa que se deja llevar al redil de la pobreza, que sigue creyéndole a los responsables de prácticas perversas contra el erario y que, pese al desastre administrativo, todavía pretenden apoyar a quienes prosiguen con la intención de permanecer en el poder directamente o por interpuestas personas.

Hubiera querido hablar de cosas más amenas, describir tus cerros azules, halagar tu río, celebrar la hipotética clasificación del vino tinto y oro, sentirme orgulloso de vivir en esta ciudad, otrora una de las más tranquilas del país y ufanarme de su malla vial impecable, de la eficiencia de los semáforos y de la seguridad ciudadana, pero los fleteos y asesinatos diarios dicen lo contrario. Las estadísticas de suicidios y desempleo aumentan, por eso no puedo mentir.

Ibagué, solo espero que tengas nuevos cumpleaños pletóricos de realizaciones.

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LIBARDO VARGAS CELEMIN

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