La omnisciencia de los jefes naturales

libardo Vargas Celemin

La sempiterna costumbre que tenemos los colombianos de llamar a las cosas con eufemismos, nos ha llevado a acuñar una expresión recurrente, sobre todo en el campo periodístico, donde resulta muy cómodo hablar del “jefe natural de una colectividad”, título llamativo que crea una aureola de poder que se acepta sin discusión, se impone y no se discute. Es normal que se hable de alguien como “jefe natural del partido político X”. Así en su grupo no tenga mucha representatividad, el solo mote infunde un respeto, que resulta falso y que distorsiona la verdadera realidad. El jefe natural toma decisiones a “mutuo proprio” y encarna una jerarquía que los demás aceptan.
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El jefe natural que conocemos en nuestro medio no necesariamente debe refrendarse en las urnas. Su aparición en el escenario dominante de determinada corriente, generalmente no obedece a la voluntad de los electores, sino que se alcanza esta denominación por varios mecanismos casi siempre impuestos. En el país estamos llenos de jefes naturales que adquirieron esa mención por herencia, cuando no existe en nuestra legislación el derecho de heredad para ocupar cargos públicos. Sin embargo, las listas de senadores, representantes a la cámara, diputados y concejales están plagadas de esa figura que crea clanes que se apropian del poder.

La actitud asumida por los jefes naturales, se extralimita en muchas ocasiones y rebasan sus limitaciones. Una cosa es que se elija como presidente de un directorio, por ejemplo, y otra muy distinta que se asuma como jefe natural y sea quien se abrogue el derecho de definir políticas y defina el  funcionamiento de partidos. Esta situación atenta contra la democracia y distorsiona la esencia de la misma.

Las anteriores reflexiones surgen ante un hecho aberrante ocurrido la semana anterior, en la ciudad de Cali, donde el exvicepresidente Germán Vargas Lleras, en una reunión de Cambio Radical, a “Motu proprio” amenaza y chantajea a Dilian Francisco Toro de no apoyarla a la presunta candidatura a la gobernación del Valle, si vota a favor de la Reforma a la Salud. Además, da una orden a varios asistentes: “Ustedes que tienen amistad y acceso a ella díganle ¿Sabe qué?, si así procede, no la podemos acompañar en su aspiración a la gobernación del Valle, cueste lo que nos cueste”. Esta actitud  desafiante e irrespetuosa es una clara usurpaciones de funciones, pues hay que hay que recordar que el presidente del Directorio Nacional de Cambio Radical es Germán Córdoba.
A propósito de su desespero para que no se acaben las EPS, sería bueno que el exvicepresidente que se cree dueño de las decisiones políticas, le explique a los colombianos si es verdad que él y su familia tienen intereses especiales en las EPS, como se rumora.   

LIBARDO VARGAS CELEMÍN

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