En defensa de la industria: no al TLC con Corea

Además de los grandes daños que el TLC con Estados Unidos le provocará a la industria instalada en Colombia, como ya los propios empresarios lo reconocen, Santos va a suscribir otro tratado semejante con Corea, que no aumentará las exportaciones colombianas pero sí agravará la desindustrialización del país tras dos décadas de libre comercio.

La industria automotriz, de ensamblaje y autopartes, debe desaparecer si se eliminan los aranceles a las importaciones coreanas (del 35 por ciento), dadas las diferencias en las escalas de producción. E igual ocurrirá con la de electrodomésticos. Mientras que las tres ensambladoras instaladas en Colombia producen 127 mil vehículos al año, las fábricas coreanas construyen 4.2 millones. También ilustra las desventajas que la balanza comercial entre los dos países fuera negativa para Colombia en 567 millones de dólares en 2010, a pesar de los aranceles. Y lo confirma la importación en 2010 de 23 mil vehículos de Corea.

Colombia le exporta a Corea bienes que no requieren de un TLC para venderse: café, chatarras metálicas y níquel, y nadie puede probar que avanzará en otros renglones. Porque las importaciones coreanas de productos agrícolas están tomadas por competidores tan fuertes como norteamericanos, chinos y australianos y porque protege su agro con subsidios y medidas sanitarias que no va a desmontar.


Es una falacia aducir que Colombia ganará en exportaciones agrarias lo que perderá en industria. Cuentos. Que den cifras, que demuestren lo que afirman, cosa que no pueden porque el secreto de este negocio es que pierde el país pero gana un puñado de importadores.


En términos de empleos directos, el TLC con Corea debe eliminar alrededor de 24 mil, que son muchos para Colombia, y desquiciará plantas integradas grandes y pequeñas, que además del valor que agregan al producto nacional le aportan significativamente al aprendizaje en el oficio industrial, algo de gran importancia. También provocará daños puntuales de notable impacto económico y social, como le sucederá a Manizales.


Para defender los intereses de los coreanos y los suyos de intermediarios, los importadores han levantado la peregrina teoría de que no importa que se quiebren las ensambladoras porque pertenecen a trasnacionales. Ocultan que también perderá la industria nacional de autopartes y que para el empleo y el desarrollo del país es mejor producir que importar, así sea con capital extranjero, en especial si se trata de bienes industriales, de cuya producción depende por completo que Colombia pueda superar el atraso y la pobreza.


La tecnocracia neoliberal que posa de “académica” en el debate, pero que suele tener intereses en negocios que ganan con los TLC, sabe que carece de toda seriedad alegar que un país del tipo de Colombia podrá superar sus problemas si renuncia a industrializarse y se especializa en la producción de materias primas agrarias y mineras.


Es insostenible, de otro lado, afirmar que Colombia se preparará para competir en pocos años, cuando lograrlo requiere de esfuerzos de largo plazo, como lo explica Guillermo Maya en “TLC sin agenda interna”. (http://bit.ly/vlKRvo), tarea que sí realizaron otros países, entre ellos Corea, que pasó de ser más atrasado que Colombia en 1950 a industrializarse. La clave de ese desarrollo fue que no siguió la receta de libre comercio del FMI sino que diseñó una política industrial con amplia protección estatal (http://bit.ly/u4HNYZ).


Tres coletillas. 1. Vergüenza mundial: según la ONU, entre 129 países, Colombia es el tercero con la peor desigualdad social. ¡Solo lo superan Haití y Angola!

2. Razón tiene Aciem cuando rechaza que el gobierno pretenda capitalizar en medio billón de pesos a Coltel, la antigua Telecom, cuyo 51 por ciento compró a menos precio Telefónica. ¿Qué le premian a la trasnacional española? ¿Que Coltel tenga pérdidas cuando antes de privatizarse daba utilidades por un billón de pesos? ¿Que haya incumplido el plan de negocios y en aportarle al fondo de pensiones de Telecom 350 mil millones de pesos? ¿La incapacidad o la astucia? Con un agravante: así se capitalice, Coltel tampoco garantiza el pago del pasivo pensional, que fue la carnada con la que el negociado se le presentó al país (http://bit.ly/uOWXpd).


3. No pudieron destruir al Polo. Sus votos para asambleas departamentales y Concejo de Bogotá suman 700 mil, cifra bien importante y más en medio de la gran corrupción electoral y la persecución de que ha sido víctima.

Credito
JORGE ENRIQUE ROBLEDO

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