La panela, sinónimo de pujanza y desarrollo: conozca su proceso de producción

Crédito: Hélmer Parra / El Nuevo Día.
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Muchas familias sustentan su actividad económica en la producción de panela, un arduo oficio que se ha transmitido de una generación a otra. Visitamos una finca panelera en el sector de Veracruz para conocer el paso a paso de un proceso totalmente orgánico con el que se obtiene el producto.
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A unos 40 minutos del casco urbano de Alvarado se ubica el centro poblado de Veracruz, en la vía que conduce a Anzoátegui, un lugar de clima agradable incrustado entre las montañas, donde la amabilidad de la gente encaja perfectamente con el aroma de la panela que se respira en cada rincón, toda vez que este lugar es célebre por producir una de las panelas más dulces, exquisitas y orgánicas que ha logrado conquistar el paladar de propios y visitantes.

Sin duda uno de los pilares más importantes de la economía es la producción de panela, ya que representa el sustento de cientos de familias, además que es un oficio que se ha heredado de una generación a otra y sigue vigente.

Es el caso de Hubernel Manjarrez, quien comentó que toda su vida ha estado ligada a este ambiente. En los últimos 30 años ha trabajado en la elaboración del exquisito y tradicional producto, y actualmente administra una finca panelera en Veracruz.

“La panela es muy importante para el municipio. Aquí hay muchas fincas paneleras, considero que más de 100. Todas tienen su trapiche. Esta actividad aporta al empleo, pues los jornaleros salen de esta molienda y van a otra para seguir trabajando”, explicó Manjarrez con la seguridad propia de los años.

Con toda la experiencia y autoridad del caso relató que en la molienda que administra se emplean unas 15 personas, contando el proceso desde la cortada de la caña y su carga, en la operación del trapiche y en las labores relacionadas con la hornilla.

A pesar de que tradicionalmente para el desarrollo de esta actividad se acostumbra iniciar la jornada sobre la medianoche, Manjarrez expuso que ese horario representa “un acabadero de personal”, pues puede consumir casi el día completo: “Por ejemplo, la señora que hace de comer tendría que levantarse a la medianoche a hacer tinto, el desayuno, y así le llega las 7 u 8 de la noche haciendo oficio para volver a levantarse a la medianoche”.

Es así que junto con su grupo de colaboradores fijó una jornada de trabajo que arranca a eso de las 4:00 de la mañana y culmina sobre las 5:00 de la tarde.

“Aquí molemos entre 8 y 10 días, después dejamos un mes para que se seque el bagazo de la caña (que sirve como combustible para la hornilla) y ahí sí volvemos a moler”, declaró el hombre.

 

 El proceso

Manjarrez explicó que este inicia con el corte de la caña, la cual se transporta en animales de carga hasta el trapiche.

En este punto se efectúa la molida para obtener el guarapo que pasa a la caldera, donde es expuesto a altas temperaturas con el fin de dejarlo evaporar para obtener la consistencia suficiente para la elaboración de la panela.

“Al guarapo no se le echa químicos. A la panela solo se le aplica aceite para que no se queme en el fondo y el balso para descachazar”, dijo el hombre.

Aquí también se adelanta un proceso de limpieza o filtrado, comúnmente conocido como descachazar, para eliminar las impurezas de la materia prima. Posteriormente la melaza es puesta en moldes que se dejan secar y por último se empaca el producto.

 

 

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El Nuevo Día.

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