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Carmen de Apicalá: su historia, cultura y atractivos

Crédito: JORGE CUÉLLAR / EL NUEVO DÍA
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Reconocida a nivel nacional por su vocación religiosa, Carmen de Apicalá es un destino obligado en el oriente del Tolima.
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Carmen de Apicalá fue fundada en 1827 por Félix José Liévano y José María Pabón, dueños de la Hacienda El Guarumal. El 16 de julio de 1828 fue oficializado, tomando una parte de su nombre por la quebrada más grande de su región y la otra como un homenaje a la Virgen del Carmen.

Durante el siglo XVI su territorio fue ocupado por los panches, un pueblo guerrero que trabajó la cerámica y el arte rupestre con ideogramas grabados y pintados en las rocas.

El municipio perteneció a Cundinamarca hasta que se formó el estado soberano del Tolima, pasando a la jurisdicción de este. Luego, mediante la Ley 17 de enero de 1905, volvió a la jurisdicción de Cundinamarca y, finalmente, gracias a la Ley 65 de 1909, regresó al Tolima. Era presidente el general Ramón González Valencia, quien acababa de suceder a Rafael Reyes.

Desde entonces, y a través de los años, se ha convertido en un referente religioso del centro del país.

Carmen de apicalá

Los motocarros, una tradición peculiar

En Carmen de Apicalá es difícil encontrar un taxi convencional. En su lugar, en cada esquina y circulando por todas las calles hay motocarros.

Son un medio de transporte que ya se ha convertido en una tradición.

Por un precio de $1.500 por persona un vehículo de estos puede recorrer todo el casco urbano o ir, incluso, hasta la vereda más apartada.

“Es normal que personas que viven en las veredas vengan a hacer mercado y luego piden un motocarro para llevarlo. Acá taxis no se ven, nos vemos nosotros”, cuenta Juan Ortega, quien lleva más de 8 años manejando motocarro.

El boom de estos vehículos comenzó en el 2008 y hoy unas 100 personas se dedican a este oficio. Sobre las razones para que haya este medio de transporte y no los taxis, dicen que se debe a los precios y al número de ventas de estos vehículos que ya hay en el municipio. Incluso, algunas personas se dedican a vender rifas cuyo premio es un motocarro.

“Sobresalimos por el precio que ofrecemos. Además un buen número de nosotros somos propietarios de nuestros vehículos, pues no valen tanto como un carro normal. Antes podíamos montar tres personas atrás y una adelante, ahora por la pandemia lo hacemos con solo dos”, agregó Juan Ortega.

mototaxi

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CAMILO JIMÉNEZ

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