Con la credibilidad por el piso

Carmen Inés Cruz Betancourt

La Encuesta de Cultura Política que aplica el Dane cada dos años, y que en la de 2021 incluyó 71.986 personas mayores de 18 años, reveló que entre las instituciones que merecen menor confianza de los colombianos, se encuentran los Partidos Políticos, las Asambleas Departamentales, el Congreso de la República, los jueces y magistrados, con un 8.5%, 10.2%, 10.6% y 11.2% respectivamente.
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Se destaca que en la Encuesta de 2019 los valores registrados fueron: 12,2%, 15.6%, 16.3% y 16.1% respectivamente; significa que en los dos años transcurridos entre una y otra Encuesta, estas instituciones continuaron perdiendo confianza entre los ciudadanos.

 Son datos devastadores porque se trata de instituciones de suma importancia para una democracia. Pero no es un dato nuevo, porque desde tiempo atrás se conoce el alto nivel de desprestigio en que han caído y del cual no logran recuperarse, posiblemente porque poco les importa y por tanto poco o nada hacen para superarlo. Y es previsible que la mayor falta que se les atribuye es el deficiente cumplimiento de sus funciones y su involucramiento en actos de corrupción y politiquería, que prometen combatir pero en la práctica se profundiza.

Dado el momento político, de modo especial interesa referirnos al desprestigio de los Partidos Políticos, que dejaron de ser guías ideológicos y defensores de la democracia, la justicia social y el progreso para todos. Hoy, más que Partidos Políticos se les percibe como trincheras de unas ‘castas’ que se los tomaron para usufructuar beneficios y otorgar avales sin mayor escrutinio sobre la honorabilidad de quienes los reciben, siempre y cuando les garanticen gestionar cuotas burocráticas y contratos. 

Así, esa dirigencia, cercada por parlamentarios y otros ‘caciques’ suman fuerzas para presionar a gobernantes, gremios y empresas por más y más prebendas. Sólo que su supuesta ‘cauda electoral’ opera con similar método, porque sus votos los deben comprar y tienen costos muy altos.

 Esto ocurre en diversos partidos, tanto a nivel nacional como regional y local donde, excepto los comprados, muy pocos siguen sus directrices, así que cuando el gran jefe negocia el apoyo para un candidato, en realidad lo único que puede comprometer son los votos de sus directos beneficiarios, de ningún modo los de las llamadas ‘masas’.

Muy atrás quedó el tiempo cuando líderes carismáticos, respetados y admirados, dirigían los Partidos y efectivamente aglutinaban seguidores que acogían la ‘disciplina de partido’ porque no solo tenían interiorizado profundamente un sentimiento como liberal, conservador, etc, sino que se sentían parte de algo, de ese Partido que defendían y asumían como suyo. Era una impronta que valoraban de modo especial, y se perdió.

Consecuente con lo anotado, los candidatos que hoy aceptan los publicitados apoyos serían muy inocentes si creen en el enorme caudal de votos que anuncian, porque esas masas andan por su lado, y si votan lo hacen por quien se les dé la gana y cuanto diga el gran jefe ‘les importa un pito’ porque tienen claro que esos dirigentes hace tiempo abandonaron los postulados de sus Partidos; por eso no sorprende el resultado de la citada encuesta que nos dice que hoy solo ese mínimo 8.5% confía en ellos.

Esta situación constituye una gran tragedia para el país, porque no hay duda del papel fundamental que están llamados a jugar los Partidos Políticos en la consolidación de una democracia tan frágil como la nuestra, y en un país agobiado por los múltiples, graves y complejos problemas que todos conocemos y padecemos.

 

Carmen Inés Cruz Betancourt

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